Fe, atención de la salud y la iglesia

Paso a Paso 102 - Salud y fe

Paso a Paso 102 incluye consejos sobre primeros auxilios, experiencias de trabajadores de la salud y un estudio bíblico sobre sanación.

Fe, atención de la salud y la Iglesia

Dr. Ted Lankester

En el pasado, dediqué muchos años a intentar averiguar si Dios existe. Un día, pensé: «Si Dios existe y si es un Dios de amor, como me aseguran, sin duda se me dará a conocer».

Consumir alimentos sanos y nutritivos puede ayudarnos a vivir más tiempo. Foto: Andrew Philip/Tearfund
Las iglesias pueden ayudar a sus comunidades a acceder al control de la presión arterial y a otros servicios de salud. Ilustración: Petra Röhr-Rouendaal
Las iglesias pueden ayudar a sus comunidades a acceder al control de la presión arterial y a otros servicios de salud. Ilustración: Petra Röhr-Rouendaal

Al cabo de una semana y tras años de búsqueda, me sentí cambiado, transformado y seguro. Comencé a leer la Biblia con más detenimiento y encontré lo que ahora llamo «El Manifiesto de Nazaret» (Lucas 4:17-19). Cuando Jesús se hizo oír por primera vez y le dijo al mundo quién era y a qué venía, su misión era muy sencilla: anunciar buenas nuevas a los pobres, dar vista a los ciegos y poner en libertad a los oprimidos.  

¡Qué visión tan extraordinaria! ¿Es también nuestra visión? En el Evangelio de San Mateo (capítulo 25:37–45) se incluyen más detalles. En él se explica que cuando Dios da (o no da) finalmente su aprobación sobre lo que hemos hecho en la vida, nos preguntará si hemos alimentado al hambriento y cuidado al enfermo. 

¿Existe alguna prioridad más importante que estas en el trabajo de salud y desarrollo?

Una asociación saludable

De acuerdo con un reciente informe de la Organización Mundial de la Salud, se calcula que entre el 30 y el 70 por ciento de la atención de la salud en África la proporcionan organizaciones religiosas. Esto parece indicar que muchas personas cristianas se toman en serio la palabra de Dios. 

Pero eso no es todo. Un reciente estudio demuestra que más de cuatro de cada cinco personas en el mundo tienen una creencia religiosa. En muchos países, esta proporción es mucho más alta.  

He estado pensando mucho sobre este tema: el vínculo que existe entre la fe y la salud. Me da la impresión de que los trabajadores de la salud que tienen fe en Dios deben tener dos prioridades. La primera es compartir y demostrar el milagro de conocer a Dios con los amigos, los vecinos y los conocidos. La segunda prioridad es compartir con nuestros amigos y nuestras comunidades los conocimientos científicos que nos ha dado Dios y la manera de vivir vidas sanas (y, por supuesto, también demostrar estos conocimientos).

Hay mucho que todos nosotros podemos hacer 

Durante muchos años, viví con mi familia de cinco integrantes en una región remota del Himalaya. La mayoría de las personas en esa zona no tiene acceso a servicios de salud. Por lo tanto, trabajamos con la gente de la comunidad para buscar soluciones. Juntos, encontramos maneras de prevenir y curar muchas enfermedades por medio de la utilización de recursos locales, la capacitación de trabajadores comunitarios de la salud y la utilización de algunos medicamentos esenciales. Llegamos a la conclusión de que hasta cuatro de cada cinco enfermedades podían prevenirse, curarse o mejorarse en el ámbito de la comunidad. 

Las principales razones de la mala salud en esa comunidad eran infecciones, la malnutrición y, cada vez más, enfermedades no transmisibles, como la diabetes. No obstante, existe una serie de consejos sencillos que son pertinentes para todos nosotros, sea que vivamos en zonas urbanas o rurales, que seamos ricos o pobres. Si consumimos alimentos sanos y nutritivos, mantenemos un peso ideal y hacemos ejercicio de forma periódica (ya sea al aire libre, en la calle o en el gimnasio), podemos prolongar la vida. Esto no solo redunda en nuestro propio beneficio, sino también nos ayuda para poder apoyar a nuestras familias, nuestras comunidades y nuestro país.  

El año pasado, visité la catedral anglicana de Freetown, en Sierra Leona. Me complació mucho saber por medio del deán que proporcionaban servicios de salud, a pesar de todos los problemas que enfrenta el país. Recientemente, a los miembros de la congregación se les animó un día domingo a que permitieran que un equipo de médicos les tomara la presión arterial después del servicio de la tarde. Actualmente, la presión alta es la mayor causa de muerte en el mundo. En consecuencia, el control de la presión arterial puede ser un excelente beneficio adicional que los líderes eclesiásticos pueden aportar a su congregación y comunidad.

Con frecuencia, unos consejos sabios y unas sencillas mejoras nos ayudan a ganar más años de vida sana para poder continuar disfrutando y sirviendo el mundo de Dios. Indudablemente, creo que vale la pena tratar sobre estos aspectos tan valiosos en nuestros sermones, nuestras escuelas y nuestros institutos bíblicos. 

¿Es siempre una buena experiencia? 

Aunque generalmente el vínculo entre fe y atención de la salud es positivo, hay veces en que no lo es. Es necesario que seamos conscientes de ciertas cuestiones negativas que existen en la relación entre fe y salud. Mencionaré dos importantes aspectos entre estas cuestiones. 

El primero es que algunas personas creen que la fe curará por sí sola sus enfermedades. Por ejemplo, si están recibiendo tratamiento antirretroviral para el VIH, se deshacen de sus medicamentos. Muchas personas han muerto debido a esta creencia peligrosa y absurda que se fundamenta en una teología equivocada. ¿No fue el Dios que creó la fe el que también creó el mundo? Por supuesto que sí. El Dios que nos ama también nos brinda la ciencia y los medicamentos para demostrarnos que le importamos. 

Muchos de nosotros damos las gracias o bendecimos los alimentos antes de comer, y pedimos a Dios que bendiga los alimentos para nuestros cuerpos. De la misma manera, cuando me tomo mis medicamentos por las mañanas para controlar la presión arterial y bajar el colesterol, doy gracias a Dios por cada uno de ellos. Me ayudan a correr siete kilómetros casi todos los fines de semana y a continuar sirviendo a mi familia, mi comunidad y mis pacientes. 

El segundo aspecto es que la fe y la atención de la salud a veces parecen entrar en conflicto. Es posible que las rutinas de salud que se basan en pruebas y buenas prácticas cuestionen ciertas creencias que tienen algunos sectores de la iglesia (y de otras creencias). Un ejemplo son ciertas áreas de la salud sexual y reproductiva. Aunque a algunos lectores les parecerá polémico lo que voy a decir, yo creo que el uso de anticonceptivos ha prevenido un gran número de hijos no deseados y ha salvado la dignidad, la salud y la libertad de un sinnúmero de mujeres. Podemos estar agradecidos a Dios por este logro y utilizar los anticonceptivos de una manera que honre a Dios, y no como una manera fácil de practicar la promiscuidad. 

¿Está bien que los maestros hablen sobre la fe? 

The Lancet es una de las principales revistas especializadas del mundo en medicina y salud mundial. En 2015, por primera vez dedicó una edición completa al papel de la fe en la atención de la salud. 

Una de las conclusiones fue la siguiente: «Las organizaciones religiosas prestan una considerable proporción de la atención de la salud, y sus visiones comunes de protección, inclusividad, dignidad y justicia hacen que muchas de estas entidades sean candidatos ideales a socios para implementar los Objetivos de Desarrollo Sostenible posteriores a 2015» (William Summerskill y Richard Horton). 

Algunos de nuestros lectores son maestros de escuelas, institutos superiores y universidades. Es posible que ustedes sean reacios a incluir el tema de la fe en sus clases de salud, ya que aparentemente es una cuestión distinta o no científica. ¿Pero lo es realmente? The Lancet respaldó el valor de la fe. Sabemos que los hospitales, centros de salud y programas de salud de la comunidad vinculados a iglesias salvan miles de vidas a diario. Por lo tanto, aunque necesitamos estar al tanto de las regulaciones, de hecho estamos «autorizados» para hablar sobre el papel de la fe en el mundo secular. Y si no hablamos, no difundimos el mensaje completo sobre el papel crucial de las organizaciones religiosas del mundo moderno. 

Nuestra respuesta

  • Si usted es pastor o líder eclesiástico, aproveche su posición de respeto para promover la buena salud en su congregación y comunidad. 
  • Si usted es trabajador de la salud y de desarrollo, aproveche las recientes investigaciones que lo autorizan y animan a incorporar la fe en su trabajo y su enseñanza. 
  • Si usted trabaja para una ONG secular, considere la posibilidad de conversar de forma respetuosa sobre temas relacionados con la fe con sus colegas. 

Para todos los demás, agradezcamos a Dios por haber creado nuestra fe, nuestro mundo y las maneras de prevenir y curar las enfermedades. Podemos estar muy agradecidos por los maravillosos dones de la fe, la salud y la creatividad que él nos invita a disfrutar y a utilizar en nuestro trabajo. 


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