Estudio bíblico: Jesus y el SIDA

Estudio de la Biblia por el Rvdo Tim Oakley, Wundamyi, Kenya.

¿Es el SIDA como la lepra?

Los dos son diferentes – pero ambos son temidos. Ambos pueden aislar al que sufre, de las personas cercanas a ellos. El SIDA ahora es como la lepra lo fue una vez: incurable. Desde el tiempo del Antiguo Testamento, los judíos consideraban la lepra como el resultado directo del pecado. De la misma manera en que el pecado debía ser rechazado, un leproso debía ser echado de su comunidad. Sin embargo, era sólo una enfermedad – que ahora puede ser curada. Todos esperamos que el SIDA también sea curable. ¿Pero cómo nos sentiríamos usted o yo, si nadie se atreviera a tocarnos debido a la desgracia de adquirir una terrible enfermedad?

Lea Lucas 5:12-16. ¡Jesús sanó al hombre! De la misma manera, hoy en día el Señor puede sanar algunas personas que tienen el SIDA. Observe cómo Jesús mostraba compasión mientras sanaba. ¡El tocaba al leproso sin miedo! Podemos rezar por aquellos que tienen SIDA y algunos tal vez serán curados. Pero es también importante pedir al Señor que nuestro miedo al SIDA desaparezca. Aquellos que sufren del SIDA no deben ser aislados, así como los leprosos lo fueron una vez. Esos necesitan saber que nosotros seguimos amándolos. Y si tememos tocarlos, entonces somos nosotros los que necesitamos ser curados – por aquél que no temía tocar al leproso. Jesús ahora desea “tocar” a aquellos con SIDA a través de nosotros.

Temas:

1. ¿Cómo son tratadas las personas con SIDA (o lepra) en su región?

2. ¿Cómo podríamos nosotros respetarles más y darles más atención?

3. ¿En qué forma podríamos rezar por ellos para demostrarles nuestro amor?

¿Es el SIDA un castigo?

Lea Lucas 13:1-5. Cuando los judíos escucharon las noticias querían saber por qué Dios tuvo que “castigar” a aquellos galileos de esa manera. ¿Es que fue por sus propios pecados – o por los pecados de otros? Jesús respondió “No”.

El les hizo recordar otra historia – cuando una torre se derrumbó matando 18 personas. ¿Es que estas personas murieron porque habían pecado más que otras? De nuevo Jesús respondió “No”. Más El continuó diciendo que una muerte tan repentina es una advertencia para todos de que la muerte no es nada – nada comparado con la tragedia de morir sin Dios.

El SIDA – produce la trágica pérdida de una vida humana. En algunos casos la persona no tuvo cuidado en su conducta. En otros casos, alguien no tuvo cuidado en esterilizar agujas o instrumentos médicos. En otros casos, nadie sabía los riesgos. Pero Jesús nos hace recordar que todos pecamos. Jesús nos enseña que la tragedia del SIDA es una advertencia para todos nosotros, de una tragedia aún más grande en el futuro, si rechazamos a Dios.

Temas:

1. ¿Cómo han sido infectadas las personas en su región con virus VIH? (pregunte a los médicos, ellos le explicarán el porqué).

2. ¿Ha sido alguna vez culpable de inmoralidad o de algún descuido? (o ¿aún algo peor?)

3. ¿Piensa que morir del SIDA es un castigo o una tragedia?

4. ¿Cómo podemos hacer ver que el SIDA nos advierte de una  tragedia aún más grande (la de morir sin Dios) sin aumentar el sufrimiento al que ya sufre del SIDA?

El SIDA y la Gloria de Dios

Hasta la llegada de Jesús, muchas de las enseñanzas del Antiguo Testamento habían sido muy simplificadas, con resultados tales como: “Si usted está sufriendo, es porque usted ha pecado”. ¿Es que esto es cierto, particularmente si alguien ha nacido sufriendo? ¿Es que el bebé con SIDA ha sido realmente castigado por los pecados de los padres?

Lea San Juan 9:1-5. Los discípulos se dieron cuenta del problema. ¿Seguro que este hombre no ha pecado; no, antes de nacer? Sin embargo, Jesús no trató de contestar a sus preguntas directamente. El prefirió hacer que sus seguidores dejaran de culpar a los demás. En vez de seguir con esa actitud, ellos deberían rezar para que se perciba más del amor y de la gloria de Dios, incluso en el sufrimiento que usted y yo vemos hoy. Y así este hombre ciego fue no sólo sanado sino que también la gloria de Dios, en Jesús El Salvador, le fue revelada.

Así es que nuestra actitud hacia el SIDA no debería ser el preguntar “¿De quién es la culpa?”, sino al contrario, deberíamos preguntarnos “¿Qué es lo que Dios quiere que hagamos en esta oportunidad?” La luz de Jesús se puede ver mejor cuando hay oscuridad, ya sea a través del sufrimiento o de la duda. ¡Qué su luz nos ilumine no sólo cuando estemos frente a una persona enferma del SIDA, sino también frente a aquellos que la condenan!

Temas:

1. ¿Qué dicen las personas en su región sobre los que sufren del SIDA?

2. ¿Cómo podemos ser prácticos en nuestro amor?

3. ¿Cómo podemos conseguir la fuerza espiritual del Señor para tener una actitud positiva frente a nuestro sufrimiento y al de los demás?