El paludismo: nuevos enfoques

por el Dr D C Warhurst.

En los países en los que el paludismo es muy común, muchos adultos pueden ser portadores del parásito sin siquiera tener síntomas, pero los niños y las mujeres embarazadas están más propensos a enfermarse de paludismo.

Los medicamentos se usan principalmente para controlar la enfermedad. Sin embargo, también pueden utilizarse para prevenirla en los grupos de alto riesgo como las mujeres embarazadas, los que sufren de la anemia falciforme y los visitantes que no tienen inmunidad natural. Cada país requiere de una política definida en relación a los medicamentos antipalúdicos que tomen en cuenta la distribución del mosquito transmisor y la resistencia a los medicamentos. Los servicios de salud necesitan considerar también los riesgos y beneficios de los diferentes medicamentos, su costo y la facilidad para obtenerlos y prescribirlos.

En el caso de muchos pacientes, el paludismo se diagnostica una vez que se hayan descartado todas las otras posibles causas de fiebres o enfermedades. Este enfoque es apropiado en los casos en que medicamentos probados y de bajo costo, tales como la cloroquina, sean efectivos y los pacientes sean monitoreados para otras posibles causas de fiebre. Sin embargo, si fuesen necesarios medicamentos más caros y potencialmente más tóxicos, el tratamiento antipalúdico se debe limitar solamente a los ‘verdaderos’ casos de paludismo (que hayan sido confirmados mediante el examen de muestras de sangre).

El tratamiento

En los casos de ataques de paludismo sin complicaciones habrá fiebre y escalofríos. Estos casos normalmente responden bien al tratamiento con cloroquina cuando se usa como medicamento de primera línea. Sin embargo hay nuevas variedades del paludismo, que tornan inefectivo el tratamiento con cloroquina. Además, cuando los pacientes tardan en conseguir tratamiento (a menudo a causa del costo) los parásitos se multiplican tanto que un solo tratamiento puede no ser suficiente.

Si la cloroquina no logra terminar con la infección se puede utilizar medicamentos de segunda línea: la sulfadoxina con pirimetamina. En los países en los que se sabe que existe resistencia a la cloroquina, prescribirla al principio puede poner vidas en peligro. En estas regiones deben usarse primero la sulfadoxina con pirimetamina. Opcionalmente, la amodiaquina puede también usarse como medicamento de primera línea en las regiones donde haya resistencia a la cloroquina.

La mefloquina es un medicamento relativamente nuevo que es efectivo en el tratamiento, pero cuya resistencia ya está creciendo en el sudeste asiático.

La quinina, un producto natural, es otra alternativa en el Africa. Esta se puede administrar por vía oral, infusión intravenosa o inyección intramuscular. Si se desarrolla resistencia a la quinina, el tratamiento normal de cinco días debe seguirse con tetraciclina o sulfadoxina y pirimetamina.

La artemisinina es otro producto natural del ajenjo Artemisia annua, que se está utilizando con mayor frecuencia como medicamento de primera línea si se desarrolla resistencia a otros medicamentos. Se puede usar como supositorio (Artesunate) para el tratamiento de emergencia de los niños, ya que parece tener una acción rápida y pocos efectos secundarios.

Investigaciones en Gambia han revelado que la resistencia a la cloroquina puede occurir en alrededor del 20% de los casos que se tratan. A este nivel todavía se recomienda su uso como medicamento de primera línea.

Medicamentos nuevos

Cada nuevo medicamento se debe usar solamente en los lugares donde se sabe que hay resistencia a otras combinaciones de medicamentos. El Atovaquone está basado en un producto natural. Normalmente se usa en combinación con Paludrine o Malarone. Otra combinación es con Coartemether, también basada en productos naturales y de acción rápida en los ataques severos, aunque no debe inyectarse. Hasta ahora no se han observado resistencias a ninguno de ellos. Las nuevas investigaciones esperan identificar cómo se desarrolla la resistencia a los diversos medicamentos.

El Dr David Warhurst trabaja en London School of Hygiene and Tropical Medicine, Keppel Street, London, WC1E 7HT, Inglaterra.