Editorial

Tengo la fortuna de guardar claros recuerdos de mis cuatro abuelos e incluso de dos de mis bisabuelos. Tuve una relación muy especial con una de mis abuelas, que murió a la edad de 95 años. Hasta un par de años antes de su muerte, fue una maravillosa fuente de sabiduría y de recuerdos. Me beneficié en gran medida de su ejemplo. Durante recientes visitas a Uganda y Ghana, en los numerosos grupos de agricultores que visité conocí a muchas personas mayores que me recordaron a mi abuelita. Tenían el mismo interés en la vida y en la gente, la misma preocupación por participar y ayudar. Para muchos el trabajo agrícola se ha hecho difícil; sin embargo, todavía se les aprecia mucho en el grupo, ya que ayudan a cuidar a los niños más pequeños de otros miembros, dan consejos, preparan la comida y venden productos en la feria. A menudo comentaban cuánto significaba para ellos pertenecer al grupo, sabiendo que si se enfermaban otros miembros se encargarían de cuidarlos y que todos vendrían a su funeral, una cosa que les causaba gran tranquilidad. Los grupos con miembros de diversas edades eran un poderoso recordatorio tanto del papel importante de las personas mayores como de lo que significaba para otros la participación de la gente mayor.

Este número muestra muchos aspectos del proceso de envejecer y proporciona la oportunidad de escuchar directamente los puntos de vista de varias personas mayores. La gente de edad tiene muchas cosas que compartir y contribuir, aunque algunos también necesitan apoyo práctico o médico en particular a medida que envejecen.

Este año el mundo celebra el Año Internacional de las Personas de Edad. Hay muchas formas en que todos pueden celebrar esto en su región. Las sugerencias incluyen organizar visitas, bailes, competencias de todo tipo, acertijos, conciertos, exposiciones o una fiesta para ancianos.

Isabel Carter