Luchemos juntos contra el estigma

El reverendo Gideon B. Byamugisha fue el primer líder religioso africano en revelar públicamente su estado VIH-positivo. Foto: Sandra Nabukalu
El reverendo Gideon B. Byamugisha fue el primer líder religioso africano en revelar públicamente su estado VIH-positivo. Foto: Sandra Nabukalu

El reverendo Gideon B. Byamugisha es sacerdote ordenado en la Iglesia anglicana de Uganda. En 1992 se convirtió en el primer líder religioso africano en revelar públicamente su estado VIH-positivo. El reverendo Gideon es el fundador de la Red Africana de Líderes Religiosos que Viven con el VIH o Sida o Personalmente Afectados por el VIH o Sida, ANERELA+. La red actualmente se llama INERELA+, es una organización internacional y opera en 48 países. En la actualidad, el reverendo se desempeña como director ejecutivo de la Fundación de Amigos del Reverendo Gideon.

Gracias a su trabajo de lucha contra el estigma que sufren las personas que viven con VIH o sida, ha obtenido numerosos galardones de prestigio. Le pedimos que nos relatara algunas de sus experiencias y conocimientos para los lectores de Paso a Paso.

¿Qué le animó a decidirse a revelar su estado VIH-positivo en 1992?

Hubo tres factores que influyeron en mi decisión de hacer público mi estado. En primer lugar, yo quería que la gente orara especialmente por mi cuidado, mi tratamiento y mi futuro. En segundo lugar, yo no quería llevar una “doble vida”, con una identidad pública y otra privada. Y en tercer lugar, quería acabar con algunos de los mitos en torno a la transmisión del VIH, especialmente aquellos que siempre relacionan el VIH con la inmoralidad sexual. Quería que tanto la comunidad local como sus líderes supieran que el estado serológico positivo de una persona tiene muy poca relación con su moralidad, su espiritualidad o su capacidad para ser líder religioso.

¿Cómo reaccionó la gente cuando usted reveló su estado VIH-positivo? ¿Se vio afectado personalmente por el estigma?

Hubo diferentes tipos de reacciones. Algunas personas recibieron positivamente mi revelación pública, diciendo que Dios me aprovecharía para ayudar a superar el silencio, el estigma y la discriminación, que eran tan comunes en esa época.

Algunas personas importantes para mí reaccionaron mal: decían que yo estaba perjudicando la imagen de la Iglesia. Otras personas de este grupo temían equivocadamente que yo les transmitiera el VIH al compartir la copa de la Sagrada Comunión o al bautizar a sus hijos. Algunos individuos incluso le solicitaron al arcediano y al obispo que no me dejaran seguir ejerciendo el ministerio.

A veces, la gente me decía: “Usted nos dijo que es VIH-positivo. ¿Alguna vez se ha arrepentido de sus acciones?” Eso es estigma: relacionar mi estado del VIH con la inmoralidad. La gente me preguntaba: “¿Cómo contrajo el VIH?”. Esa también es una pregunta estigmatizadora porque implica que la gente quiere saber si eres “inocente” o “culpable”.

En todo momento he tenido la bendición y la fortuna de contar con el apoyo de amigos, familiares, comunidades religiosas, congregaciones, líderes y organizaciones. En la actualidad, hay menos personas que no están de acuerdo con mi revelación.

¿Cuáles son los diferentes tipos de estigma que afectan a las personas que viven con VIH?

El estigma en torno al VIH tiene varias caras.

  • En primer lugar, algunos temen que las personas seropositivas sean “contagiosas”. Estos individuos creen que se puede contraer el VIH si comes con alguien VIH-positivo o si le das la mano.
  • En segundo lugar, la gente a veces cree que ser seropositivo significa que te vas a morir pronto. Por lo tanto, te niegan recursos y oportunidades. Creen que no deberíamos desperdiciar alimentos en alguien que va a morir. O que no deberíamos llevarlos a la escuela.
  • En tercer lugar, existe el estigma respecto a que el VIH está relacionado con la inmoralidad o la desviación. La gente asocia el VIH con la inmoralidad sexual y con grupos marginados, como las personas que se inyectan drogas.
  • Por último, hay un cuarto estigma dentro de la Iglesia. Algunas personas creen que si vives con el VIH deberías tener más fe en la curación milagrosa: te piden que te deshagas de los medicamentos antirretrovirales porque deberías creer en los milagros.

Todos estos tipos de estigma han frenado considerablemente el progreso en la lucha contra la transmisión del VIH y las muertes a causa del sida, a pesar de los enormes avances en la prevención y tratamiento del VIH.

¿Qué consecuencias tienen los estigmas en las personas que viven con VIH?

El estigma provoca una vergüenza paralizante que daña la autoestima y la autoconfianza de las personas que viven con VIH. También puede afectar a sus familias y sus comunidades.

El estigma con frecuencia hace que la gente tenga miedo a someterse a la prueba del VIH. Quienes se deciden a hacerse la prueba tienen terror a recoger sus resultados. Muchos más tienen miedo a revelar su estado serológico a la gente que necesita saberlo, como sus parejas o los trabajadores sociales.

Debido al estigma, a las personas que viven con VIH se las hace sentirse culpables, se las ridiculiza, se las avergüenza y se las discrimina. Sin embargo, deberíamos apoyarlas y empoderarlas para que puedan tener mayores oportunidades en la vida y una mejor salud. Esto también ayudará a evitar que el VIH se propague, ya que es más posible que la gente que sabe y acepta su propio estado opte por prácticas más seguras, como tomar medicamentos antirretrovirales.

¿Qué medidas prácticas puede adoptar la gente para eliminar el estigma en sus comunidades e iglesias?

Las iglesias y las comunidades pueden identificar las fuentes de estigmas y abordarlas una por una.

  • Si la gente teme contagiarse con el VIH por dar la mano, ¿qué deberían hacer las iglesias y las comunidades? Abrazar, dar la mano y cuidar a las personas con VIH. Así, las demás personas recibirán el mensaje y dirán: “¡Ah, entonces, se puede abrazar a alguien seropositivo!”.
  • Si la gente tiene el temor de que el VIH siempre tiene como consecuencia una muerte temprana, los miembros de las iglesias pueden invitar a personas que hace mucho tiempo viven con el VIH a hablar ante sus congregaciones. De esta manera, se transmitirán mensajes como “este hombre hace veinte años que es seropositivo, pero ahora es diputado o arzobispo de su iglesia; por lo tanto, no tenemos que abandonar a nuestros seres queridos que son seropositivos porque con amor, apoyo y tratamientos, pueden llevar vidas largas y productivas en sus comunidades”.
  • Las iglesias y las comunidades deben predicar el hecho de que el sida no es un castigo de Dios. Deben difundir el mensaje de que el VIH no se contrae necesariamente por medio del “pecado”. Hay muchos “santos sexuales” que son seropositivos y muchos “pecadores sexuales” que son seronegativos.
  • Las comunidades y las iglesias deberían establecer planes detallados para reducir el estigma y ayudar a la gente que vive con VIH a recibir el apoyo y el tratamiento que necesitan. Las organizaciones y las iglesias necesitan políticas, planes estratégicos, asociaciones, presupuestos, iniciativas de capacitación juvenil, estrategias de comunicación y oraciones.

Si usted pudiera transmitir un solo mensaje a los lectores de Paso a Paso, ¿cuál sería?

Dios nos ha proporcionado suficiente información y conocimientos científicos para detener la epidemia del sida. Tenemos que trabajar juntos para difundir los conocimientos, las técnicas, las actitudes y las políticas de apoyo que la gente necesita. De esta manera, podremos acompañarnos mutuamente en este viaje hacia un mundo en que no existan más infecciones del VIH y el estigma que las rodea.

Si desea más información sobre la Fundación de Amigos del Reverendo Gideon, visite www.focagifo.net (en inglés).