¿El principio del fin del sida?

Por David Deakin

Muchos de nosotros nos acordamos cómo era la situación del VIH y el sida hace más de diez años. Seguía habiendo nuevas infecciones, en especial, entre las personas jóvenes. Las muertes provocadas por causas relacionadas con el sida aumentaban con rapidez y alcanzaron su nivel máximo en 2005. Para muchas personas, el estigma que implicaba vivir con VIH era un problema serio. La cantidad de niños huérfanos a causa del sida llegó a los 15 millones. Además del impacto devastador en las familias, estos problemas también dejaron su marca en las economías de muchos países.

Nuevos casos de infecciones por VIH en niños entre 2005 y 2013 en 21 países del Plan Mundial.
Fuente: Cálculos de ONUSIDA correspondientes a 2013

Nuevos casos de infecciones por VIH en niños entre 2005 y 2013 en 21 países del Plan Mundial.

¿Cuál fue la reacción de la Iglesia ante esta crisis? Por desgracia, en esa época, a la Iglesia se la solía percibir como parte del problema. Muchas congregaciones seguían negando el hecho de que sus miembros estaban muriendo de sida, y algunos pensaban que el sida era un castigo de Dios.

No obstante, durante la última década, se ha progresado mucho en la forma de abordar el VIH y sida. La tasa de infecciones y muertes a causa del VIH está disminuyendo, y los líderes mundiales están intentando erradicar la epidemia de sida para el año 2030. ¿Cómo se logró esta transformación?

El mundo despierta

El tratamiento antirretroviral se encuentra disponible desde los años noventa, pero en un principio era demasiado caro, con un costo total anual por persona superior a USD 10 000. Campañas como la de la organización Treatment Action Campaign, TAC, de Sudáfrica, tuvieron mucho éxito al lograr que el tratamiento antirretroviral fuera mucho más económico (ver página 22 para más información).

El siguiente gran avance tuvo lugar en julio de 2005 cuando los líderes de ocho países de ingresos altos (conocido como “el grupo de los ocho”) se reunieron en Gleneagles, Escocia. Gracias a la influencia de una convincente campaña de incidencia, estos líderes acordaron trabajar juntos para conseguir el acceso universal a la prevención, tratamiento, atención y apoyo a personas con VIH. Además, se comprometieron a asignar fondos para lograr este objetivo.

Con posterioridad a esta reunión, la cantidad de personas que tuvieron acceso al tratamiento antirretroviral aumentó a un ritmo constante. En 2005, menos de 2 millones de personas recibían un tratamiento efectivo. Para marzo de 2015, este número había ascendido a 15 millones.

Gracias a este tratamiento, las personas VIH-positivas ahora viven más tiempo. La enfermedad ya no se considera una “sentencia de muerte”, sino que se ha vuelto una enfermedad manejable a largo plazo. Con un buen tratamiento, las personas VIH-positivas ahora pueden vivir una cantidad de años similar a la de las personas que no tienen VIH.

Adelantos en materia de prevención

Cuando se empezó a tratar de prevenir la propagación del VIH, el enfoque ABC (por sus siglas en inglés) era popular. Este consistía en la abstinencia sexual, la fidelidad y el uso de preservativos. Sin embargo, esta visión era muy limitada. La organización INERELA+ desarrolló el modelo llamado SAVE (por sus siglas en inglés) que implica prácticas más seguras, acceso a tratamientos, asesoramiento y pruebas voluntarias, y empoderamiento. La idea es aplicar un método más integral, que también incluya los principios del enfoque ABC antes mencionados (ver página 19 para más información).

En 2007, ONUSIDA y la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomendaron un nuevo método: la circuncisión masculina voluntaria. Esto reduce parcialmente el riesgo de que los hombres contraigan VIH al tener relaciones heterosexuales, por lo que también deben usarse otras formas de protección. Entre 2007 y 2013, cerca de 6 millones de hombres fueron circuncidados en 14 países de África Oriental y Meridional donde la prevalencia del VIH es alta.

Nuevas áreas de progreso en materia de tratamiento

Era bien sabido que el tratamiento antirretroviral podía salvar vidas. Pero en 2011, un importante trabajo de investigación arrojó como resultado que el tratamiento antirretroviral también ayuda a prevenir la transmisión del VIH. Esto es debido a que el tratamiento antirretroviral puede reducir la cantidad de VIH presente en el organismo de una persona (conocida como “carga viral”), al punto de que no pueda detectarse en un análisis de sangre. Cuando la carga viral de una persona es tan baja, el riesgo de transmisión del VIH se reduce ampliamente (aunque igual deben tomarse otras precauciones).

Otro logro en la prevención del VIH es la profilaxis previa a la exposición (conocida como PPrE). Es un tipo especial de medicamento de ingesta diaria que puede ayudar a prevenir el contagio del VIH. Está destinado a aquellas personas que tienen un alto riesgo de exposición al VIH (como los trabajadores del sexo o las personas que se inyectan drogas). La PPrE debe acompañarse con otras formas de protección, ya que no es 100 por ciento efectiva en la prevención de la transmisión del VIH.

Prevención de la transmisión materno infantil

Ha habido un gran progreso en la prevención de la transmisión materno infantil del VIH. En 2011, se lanzó el “Plan Mundial” cuyo fin es eliminar las infecciones de VIH en los niños y preservar la salud de las madres. Sin intervenciones de salud, una mujer embarazada que vive con VIH tiene hasta un 45 por ciento de probabilidades de transmitir el VIH a su bebé. Sin embargo, con un tratamiento adecuado, el riesgo se puede reducir a menos del 5 por ciento. En 2013, la OMS recomendó que durante el embarazo y la lactancia, las mujeres con VIH recibieran el tratamiento antirretroviral.

El Plan Mundial se centró en los 22 países con el mayor número de mujeres embarazadas que vivían con VIH. Entre 2009 y 2013 hubo una notable disminución (43 por ciento) en el número de casos nuevos de VIH en niños en 21 de esos países.

La Iglesia puede desempeñar un papel clave en combatir el estigma y la discriminación. Ilustración: Petra Röhr-Rouendaal, Where there is no artist (segunda edición)
La Iglesia puede desempeñar un papel clave en combatir el estigma y la discriminación. Ilustración: Petra Röhr-Rouendaal, Where there is no artist (segunda edición)

Retos futuros

Los líderes mundiales han acordado la ambiciosa meta de erradicar el sida para 2030. En la actualidad, aún ocurren más de un millón de muertes relacionadas con el sida por año, de modo que reducir ampliamente esta cifra en los próximos 15 años será todo un desafío. Hoy en día, más de 36 millones de personas viven con VIH, y todas ellas deberán tener acceso al tratamiento. ONUSIDA se ha fijado la meta de que para 2020, el 90 por ciento de las personas sepan su estado serológico; el 90 por ciento de las personas con VIH reciban tratamiento, y que el 90 por ciento de las personas que reciben tratamiento tengan una carga viral tan baja que no pueda detectarse en un análisis de sangre.

Esto no es tarea sencilla. Una prioridad es hacer que sea más fácil determinar la carga viral, es decir, la cantidad de VIH en la sangre de una persona, y así corroborar, por ejemplo, si el tratamiento antirretroviral está dando resultado. En la actualidad, estas pruebas se realizan en laboratorios, lo que implica tiempo e insumos. Sería mucho más rápido y sencillo si se pudieran realizar durante la consulta médica, lo que se conoce como “prueba en el punto de atención”. Organizaciones como UNITAID están trabajando para lograr que estas pruebas sean más económicas y estén más ampliamente disponibles en los servicios de atención de salud.

Otro desafío es ayudar a que las personas tengan acceso a tratamiento antirretroviral de segunda y tercera línea. Cuando alguien comienza el tratamiento antirretroviral, la combinación de medicamentos que recibe se llama tratamiento de primera línea. Sin embargo, si la cepa del VIH se vuelve resistente a los medicamentos, o si la persona sufre efectos adversos de consideración, deberá cambiar a otra combinación de medicamentos. Esto se conoce como tratamiento de “segunda línea” o “tercera línea”. En muchos países, el tratamiento antirretroviral de primera línea está disponible a precios accesibles, pero los tratamientos de segunda y tercera línea son mucho más caros. Esto se debe a que las compañías farmacéuticas tienen las patentes de estos medicamentos, lo que significa que no pueden ser producidos por otros fabricantes. En los años venideros, las iniciativas de incidencia para anular las patentes farmacéuticas serán incluso más relevantes.

Quizá, en definitiva, el mayor desafío sea desarrollar una vacuna contra el VIH. La ciencia todavía no lo ha logrado, pero se están llevando a cabo investigaciones todo el tiempo.

Que nadie quede excluido

A medida que se hacen avances en materia de prevención y tratamiento, se presenta el desafío de asegurarnos de no excluir a grupos de personas vulnerables. Entre las personas que suelen tener dificultades para acceder al tratamiento se incluyen los niños, los trabajadores sexuales, los hombres que tienen relaciones sexuales con otros hombres, las personas que se inyectan drogas y las personas con discapacidades. También es común que las personas con VIH tengan otras enfermedades como, por ejemplo, tuberculosis y hepatitis C, las cuales exigen un mejor tratamiento. Si bien el estigma relacionado con el VIH se ha reducido, sigue siendo alto en contra de estos grupos de personas. Esta es un área en la que la Iglesia podría desempeñar un papel mucho más importante en el futuro si tiene suficiente valentía.

Una oportunidad única

Durante los últimos diez años, se ha progresado mucho en el abordaje de los grandes retos que supone el VIH. Hoy en día, el panorama es mucho más alentador. Pero dado que aún mueren más de un millón de personas por año a causa del sida, la tarea aún es urgente.

Más de 30 años después de que se identificara el VIH, la respuesta mundial al sida se encuentra en una encrucijada. Podemos invertir ahora para erradicar el sida para 2030, o podemos simplemente mantener los esfuerzos actuales y, posiblemente, desaprovechar esta oportunidad única. Oremos y pongamos manos a la obra para erradicar el sida para siempre.

David Deakin dirige los programas de Tearfund relacionados con el VIH.

David Deakin