Entrevista a Alexis Pacheco, Director de Tearfund en Centroamérica

Nuestra serie de entrevistas a directores de Tearfund en diferentes países continúa en esta ocasión con Alexis Pacheco, quien se encuentra en Tegucigalpa, Honduras, y ha trabajado para Tearfund durante 20 años. Alexis comparte sus pensamientos sobre cómo trabaja con los líderes de iglesias en las comunidades de más bajos recursos de Centroamérica, por qué los jóvenes son tan importantes y qué hace falta para abordar el tema del cambio climático.

Un hombre en el centro de la Ciudad de Guatemala recoge botellas de plástico para reciclar. Foto: Alexis Pacheco
Un hombre en el centro de la Ciudad de Guatemala recoge botellas de plástico para reciclar. Foto: Alexis Pacheco

¿Cómo empezó tu relación laboral con Tearfund y por qué?

Cuando Tearfund me invitó a una entrevista laboral, yo estaba trabajando en la campaña de Jubileo 2000 en mi región, una campaña exitosa que redujo la deuda externa de algunos de los países más pobres y endeudados. Varios de los socios locales de Tearfund me animaron a asistir a la entrevista. Me ofrecieron el puesto de asesor regional, sin embargo, no fue una decisión fácil para mí, ya que estaba comprometido con la organización para la que trabajaba y con las personas a las que estábamos apoyando. Lo que me convenció y me dio paz para aceptar el ofrecimiento de Tearfund fue saber que en ese trabajo tendría la oportunidad de seguir apoyando ese proyecto y, de hecho, pude ampliar el apoyo que ellos recibían a través de la iglesia y la misión integral.

«Los jóvenes son una pieza clave en el desarrollo de una nueva cultura de paz, servicio y solidaridad en sus comunidades y hacia las personas con mayor necesidad.»

Alexis Pacheco. Foto: Geoff Crawford
Alexis Pacheco. Foto: Geoff Crawford

¿Cuáles son los problemas clave que enfrentas en tu trabajo? 

La pobreza, la violencia y la corrupción. Los pastores y los líderes de iglesias no están capacitados para enfrentar estos problemas. No obstante, nos llena de esperanza cuando vemos líderes que son capaces de cambiar su manera de pensar y demostrar esos cambios en acciones solidarias y en la promoción de la justicia en sus propios contextos. Comienzan en sus propias iglesias, muchas de las cuales se encuentran en comunidades muy pobres. 

¿Puedes contarnos acerca de algún proyecto que estén llevando a cabo en tu país y que te haya animado? 

Hay varios, pero me gustaría hacer hincapié en dos proyectos: 

Amiga Garífuna tiene una red de iglesias que trabajan en la prevención y el cuidado de las personas afectadas con el VIH y el sida. Ellos descubrieron que muchas de las causas y las raíces de esta enfermedad provenían de relaciones familiares rotas y violentas y, para muchas personas, estas relaciones se daban incluso dentro de la iglesia. Reconocer esta situación y trabajar con los líderes y los pastores no ha sido una tarea fácil. Ha significado tener que romper con un tabú. Agradecemos a Dios que Tearfund ha podido ser parte de esto y ha acompañado a las personas en este proceso de aceptación, perdón y reconciliación. 

La segunda experiencia tiene que ver con el acompañamiento a pastores y líderes de la Red Miqueas en tres de las ciudades con los mayores índices de violencia en Centroamérica: San Pedro Sula, Ciudad de Guatemala y Tegucigalpa. La gran mayoría de los pastores y los líderes enfatizan la importancia de la salvación de las almas. Sin embargo, cuando tuvieron que ministrar en barrios azotados por la pobreza y la violencia, se dieron cuenta de que no tenían las herramientas adecuadas (ni bíblicas, ni teológicas, ni prácticas) para ser efectivos en esta tarea. Así que han aprendido sobre la marcha y nosotros los hemos acompañado en este proceso. Es importante que en su calidad de líderes no se sientan aislados, por lo que los hemos ayudado a compartir experiencias, aprendizajes e ideas los unos con los otros. Además, oramos juntos para animarnos mutuamente. Esto nos ayuda a saber cómo enfrentar estas situaciones y cómo traer el evangelio completo a estos nuevos contextos. 

¿De qué manera la fe ha motivado o guiado el crecimiento en este trabajo? 

Mi fe es parte de mi vocación. Es decir, hago lo que hago porque creo que es parte de mi misión, la misión de Dios. Gracias a Dios, puedo contar con el apoyo de mi iglesia local, que me brindó un buen ejemplo en mi juventud y ha aprendido a llevar a cabo una misión integral en contextos de pobreza y de violencia. 

¿Qué consejo práctico les darías a aquellos que tal vez recién estén comenzando a realizar este tipo de trabajo? 

Dos palabras: compromiso y ministerio. Necesitas tener un compromiso que vaya más allá de las situaciones favorables. Este compromiso debe manifestarse en el servicio solidario hacia las personas que viven con necesidades insatisfechas, sabiendo que nuestro Dios es un Dios bueno que se regocija en la justicia y la esperanza. Nuestro trabajo es parte de nuestro ministerio; si no fuera así, las frustraciones y los obstáculos fácilmente nos harían perder la esperanza. Es solo cuando vemos la mano de Dios que podemos continuar teniendo esperanza en diferentes comunidades. 

¿Qué áreas de desarrollo del potencial identificas en tu trabajo y en tu país? 

Los jóvenes son una pieza clave en el desarrollo de una nueva cultura de paz, servicio y solidaridad en sus comunidades y hacia las personas con mayores niveles de vulnerabilidad. Creo que diferentes temas como el cuidado de la creación, la incidencia por la paz, los procesos más justos, la migración y la transformación de las comunidades son áreas a las que debemos prestarles mucha más atención y tiempo. Esto es necesario porque son un factor fundamental a la hora de expandir los procesos de desarrollo y bienestar en Centroamérica.  

¿Cuáles son los problemas clave en cuanto al cambio climático que afectan tu trabajo y tu país? 

Aunque Centroamérica no es una región que contribuya significativamente a las causas del cambio climático, sí es una de las regiones del mundo que se ven más afectadas por las sequías y las inundaciones. Tenemos una gran oportunidad de involucrar a los jóvenes y a la iglesia para cambiar la cultura imperante y fomentar el uso de fuentes de energía alternativas y ecológicas, con el fin de reducir los efectos negativos del cambio climático. 

Debemos desarrollar una nueva visión teológica del cuidado de la creación e implementar prácticas y formas de vida con opciones sostenibles que beneficien a las comunidades, las iglesias y el medioambiente. También debemos mejorar la capacitación y las prácticas en cuanto a la reducción de riesgos de desastres y la renovación de un medioambiente ecológico saludable para las comunidades, con el fin de garantizar una provisión suficiente de agua y alimento para sus habitantes. Sin duda, esta es el área en la que debemos crecer más, la cual presenta un gran desafío para nuestro trabajo en la región de Centroamérica.

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