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De: Los niños de la calle – Paso a Paso 28

Distintos grupos nos enseñan las mejores maneras de apoyar a los niños y las niñas vulnerables

por James Beaunaux.

Es casi medianoche. Las calles del centro de Bogotá, capital de Colombia, están desiertas salvo por algunos policías militares. Con armas automáticas listas para disparar vigilan cada cruce de la ciudad, debido a que el presidente de Venezuela se encuentra en la ciudad.

Wilson, de cinco años, está sentado al costado de la calle, llorando. Esta noche, su padre le dará otra paliza si vuelve a casa sin los 1.000 pesos (US $1,50). Tirita a causa del frío de la noche andina. Está descalzo y sólo tiene puesto un buzo y pantalones livianos. Al otro lado de la calle, su hermana Daisy, de siete años, está mendigando. Daisy necesita dinero para comprar zapatos y no puede regresar a su casa hasta que haya juntado los 1.500 pesos. Esta escena es típica de la vida de un creciente número de niños en las calles de las ciudades de todo el mundo. Necesitamos estar más conscientes de la situación de estos niños que corren tanto peligro.

La magnitud del problema

Debemos comprender que el problema que enfrentamos es enorme, sobre todo en América Latina. Es difícil imaginar la cantidad de niños que viven en las calles del mundo, muchos de ellos sin ningún vínculo familiar. La cifra mundial estándar de niños de la calle en todo el mundo es de 100 millones (ONU).

Casi un tercio de la población mundial es menor de 15 años de edad. Colombia cuenta con 11 millones de niños menores de 15 años. La proporción de estos niños que terminan en la calle es cada vez más alta. Se estima que en Bogotá la cifra oscila entre 2.500 y 110.000 (UNICEF).

Es difícil calcular la cantidad de niños que viven en la calle debido a que están constantemente cambiando de sitio. Un niño, o incluso una pandilla de niños, puede empezar en el extremo sur de Bogotá durante la mañana y por la tarde puede estar en el Parque Lourdes (norte de Bogotá). Además, algunos niños son lo que se llaman niños de llavín, durante el día viven en la calle pero regresan a sus casas por la noche.

¿Quiénes son estos niños?

Se pueden identificar cuatro grupos de niños:

Los niños totalmente abandonados Estos son conocidos como los gamines en Colombia, meninos de rua en Brazil, y pelones en México. Viven en la calle y no tienen ningún tipo de contacto familiar. Usan drogas, de preferencia los inhalantes, por lo general el pegamento que usan los zapateros. Estos niños no trabajan.

Los niños parcialmente abandonados Viven en las calles pero se mantienen en contacto con sus familias. Por lo general, usan drogas y no trabajan.

Los niños de llavín Andan por las calles pero se mantienen en contacto con sus familias. Por lo general, no usan drogas y no trabajan.

Los niños trabajadores Estos niños están en las calles mientras trabajan. Quizás lustren zapatos, laven las ventanillas de los coches, o vendan caramelos o cigarillos. Por lo general, no usan drogas.

En América Latina, tanto los niños como las niñas viven en la calle. En términos generales, las niñas están más protegidas que los varones. La proporción varón/mujer de niños de la calle puede llegar a ser de 9/1. A las niñas se les considera más útiles y permanecen en la casa mientras que a los varones se les considera más fuertes y menos suceptibles a una vida de amenazas en la calle.

La mayoría de los niños de la calle no han sido abandonados por sus familias. Más bien, se van de sus casas para huir del abuso, la pobreza o la autoridad de los padres. La razón principal por la cual se marcha un niño a la calle es la falta de una vida familiar estable. En la calle se encuentra con otros niños cuyos antecedentes son igualmente difíciles. Sin embargo, el niño pronto percibe que en el mundo de la calle recibe tanto abuso como en su casa. Esta desilusión es un shock tremendo, pues el niño se da cuenta que no puede confiar ni en sus padres ni en ninguna otra figura de autoridad. El escape mental, por lo general a través de la inhalación de drogas, viene a formar parte de la estrategia de sobrevivencia del niño.

Los niños de la calle han sido tratados con violencia por sus padres. Como consecuencia, ellos mismos se transforman en ‘cazadores’ queriendo imponer dolor y violencia a otros. El estar drogado disminuye el sentido de la realidad.

Niños desechables

Es difícil imaginar a un niño como ‘desechable’. Sin embargo, así se les dice a los niños en las calles de Bogotá. Hace poco pude apreciar el verdadero significado de esta palabra cuando alguien mató a un niño con el cual yo estaba trabajando y luego tiró su cuerpo en una zanja. También sé de otros niños que han sido asesinados ya sea por la policía, por grupos de drogadictos, por escuadrones de la muerte organizados por negociantes que quieren limpiar las calles de los ‘niños sucios’ o aún por otra gente de la calle.

Existen informes recientes con evidencias escalofriantes que comprueban que ciertos grupos en América Latina están usando a los niños de la calle para ayudar a satisfacer la demanda global de órganos humanos. Los niños más ‘afortunados’ que sobreviven estas operaciones improvisadas, se despiertan en las calles para encontrar que han perdido un riñón, un testículo o un ojo durante la noche. Por lo general, sin embargo, este tipo de operación significa la muerte del niño.

¿Existe alguna solución?

Hay muchas agencias que proclaman estar ayudando a los niños de la calle. Sin embargo, según UNICEF de Bogotá, varias de las agencias ‘con una preocupación social’ están vendiendo la miseria de los niños para obtener fondos para su propio beneficio.

El gobierno colombiano está haciendo todo lo que puede dentro de sus limitados recursos. El Instituto Colombiano de Bienestar Familiar busca a grupos de externos, tanto cristianos como laicos, para poder trabajar con ellos. Intenta atraer más recursos para ayudar a los niños de la calle.

A pesar de esto, éste es un problema universal que no pertenece solamente a los gobiernos y las organizaciones sociales. Es un problema que pertenece a todos nosotros. La palabra de Dios está llena de mandamientos que nos urgen el cuidado de los huérfanos. Estas palabras dirigidas hacia nosotros son tan frescas hoy como cuando fueron pronunciadas por primera vez:

El problema de los niños que corren peligro en la calle debe tener una solución. Hasta ahora, está claro que estamos perdiendo la lucha.

Pasos que se dan…

PASO 1: AMOR Como primer paso hacia una solución, el mundo cristiano necesita reconocer que todos podemos contribuir. Si respondiésemos a la palabra de Dios, nos acercaríamos a estos jóvenes convencidos de que el hacerlo es nuestra responsabilidad. Compartir el amor de Cristo con estos niños es la parte más importante de la solución.

La iglesia cristiana del país debe tomar la decisión de confrontar el problema de los niños de sus propias calles. En este aspecto, la reacción de la iglesia ha sido extraordinariamente lenta. Sin embargo, la iglesia del país debe abocarse al desarrollo de una estrategia para resolver el problema. La iglesia colombiana, con algunas excepciones, no está dispuesta a confrontar asuntos sociales en el nombre de Jesús. A las congregaciones locales no se les enseña a que sean responsables por las viudas, los huérfanos y otros desposeídos sociales.

En Bogotá, el único programa para niños desposeídos que cuenta con el apoyo y recibe el financiamiento de una iglesia local es el de la Iglesia Casa Roca. En este ministerio excepcional, tanto niños como niñas reciben cuidados en un establecimiento similar a una finca al norte de la ciudad.

Hay además otros ministerios cristianos en Bogotá, incluyendo Futuro Juvenil que se concentra en los huérfanos y que trata de educar a la población colombiana sobre lo que significa la adopción, algo extraño en Colombia; Hogar Vida en Cristo, un programa para ex drogadictos; y La Bergerie, un equipo médico francés que sale a las calles a atender las necesidades físicas de los niños.

El programa más grande para los niños de la calle en Bogotá, con unos 700 niños, lo dirige un cura católico llamado Padre Nicolo. Tiene bastante éxito en sacar a los niños de la calle, a pesar de que muchos de ellos se fugan.

Aunque no es un ministerio cristiano, quizás el programa más conocido en América Latina sea Los Niños de los Andes. Su director, Jaime Jaramillo, un hombre que siente verdadera compasión, ha recibido mucha atención de los medios de comunicación debido a su rescate de los niños de las alcantarillas de Bogotá.

PASO 2: PROVEER ALTERNATIVAS El segundo paso más importante es prevenir que los niños lleguen a la calle. El niño de la calle en ciernes debería tener otras opciones antes de elegir la vida en la calle.

El Hogar Infantil es un hogar alternativo para los niños. Es un ejemplo de lo que se le puede ofrecer a los niños en peligro. En Colombia el ‘In Ministry to Children Group’ trabaja con 16 niños en este hogar en Sasaima, un pueblito agrícola a una hora y media de viaje al oeste de Bogotá. En el hogar, los niños tienen la oportunidad de vivir una experiencia positiva de la vida familiar en un ambiente de amor cristiano.

Jóvenes con una Misión (YWAM) tiene una casa segura en Bogotá, además de dirigir un programa en una finca para niños menores de 12 años.

PASO 3: PROVEER MAS APOYO El tercer paso implica que las agencias vuelvan a evaluar su trabajo y contribuyan mucho más con apoyo y financiamiento para satisfacer las necesidades de los niños que se encuentran en peligro.

Las calles de las ciudades pueden exponer a los niños a demasiadas cosas malas. Es necesario que los cristianos trabajen juntos para comprender las necesidades de los niños de la calle y su ambiente y luego desarrollar formas para llegar a estos niños en las calles de este mundo oscuro. Necesitamos más soldados en el bando del Señor en esta batalla.

El trabajar con niños en la calle quizás sea de gran ayuda, pero aún deja que los niños continúen llevando un estilo de vida negativo. Necesitan tener una alternativa para que si desean, puedan abandonar la vida en la calle. Con tiempo, el niño puede recuperarse de la tragedia de sus experiencias. Este período de recuperación varía proporcionalmente con el grado de estabilidad que haya en su nuevo estilo de vida. Depende también de cuánto tiempo el niño haya tenido que sobrevivir en la calle. Cuanto más tiempo haya pasado el niño en la calle, más tiempo necesitará para recuperarse. Es vital que se pueda proveer el apoyo y el alojamiento apropiado.

Gonzalo Arango, en una de las meditaciones de su libro, A Lament for Disquiet, hace una pregunta muy pertinente: ‘Pregunté por encima de su sepulcro, excavado en el costado de la montaña, “¿No habría forma de que Colombia, en lugar de matar a sus niños, les dé una vida digna de ser vivida?”’

La meta de todos los que trabajamos con los niños de la calle es de darles la oportunidad para que tengan vidas dignas de ser vividas.

James Beaunaux es el fundador y director de In Ministry to Children Group, Apdo 077099, 114 Bogotá, Colombia, S América.

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