Cómo vivir con el cambio climático en Brasil: Puntos de vista de tres agricultores  

Recolectando agua de un arroyo cuando bajan los niveles de agua. Foto: Jim Loring/Tearfund
Recolectando agua de un arroyo cuando bajan los niveles de agua. Foto: Jim Loring/Tearfund

Conservación del agua

Francisco Geraldo Neto vive con su familia en el pueblo de Caiçara, en el noreste de Brasil. La familia cultiva media hectárea de tierra y gana aproximadamente US$1,500 anuales por la venta de sus productos en los mercados locales. Diaconía (un asociado de Tearfund) les ayuda a evitar el uso de intermediarios para que puedan conseguir mejores precios. Ellos cultivan una asombrosa gama de aproximadamente 50 distintas especies de árboles frutales, vegetales, cereal y plantas forrajeras en su granja, junto con plantas tradicionales, las cuales conservan.

No ha sido fácil lograrlo pues empezaron con tierras pobres que habían sido estropeadas por las prácticas de tala y quema y el cultivo único. Neto comenta: ‘Oigo hablar sobre el cambio climático en los periódicos, pero puedo sentir sus efectos en mí y en mis cosechas. El sol es más caliente, la temperatura más alta y el viento más seco. Oigo hablar sobre el efecto invernadero, la desertificación y “El Niño”. No los entiendo, pero los resultados son sequías en el Amazonas, inundaciones en algunas partes del noreste de Brasil y más torbellinos.’

Cargando agua hacia la casa. Foto: Jim Loring/Tearfund
Cargando agua hacia la casa. Foto: Jim Loring/Tearfund

Neto recuerda que en los años 1980 había un arroyo que atravesaba su granja que fluía casi todo el año. En los años 1990 el nivel de agua bajó gradualmente. El resultado fue que tres meses después del final de la estación de lluvia el arroyo estaba seco. Para ayudar a resolver este problema la familia construyó una presa en 1999. ‘El agua de la presa se utiliza para riego y ganado. Ahora estamos regando mucho más que hace cinco años, porque hace más calor y es más seco durante la mitad del año. Antes regábamos una vez al día, ahora regamos dos veces, pero aún así las plantas se marchitan. Nos preocupa que se nos agote el agua en el futuro pues el clima ahora es tan variable.’ 

Agricultura sostenible 

José Iván Monteiro Lopes vive con sus padres y familia en la región de Pajeú en el estado de Pernambuco. En 1998 hubo una sequía en la zona y Diaconía estableció un programa de ayuda de emergencia. Su primer objetivo fue mejorar la capacidad de almacenamiento de agua de las familias. Establecieron un esquema de alimentos por trabajo en el cual se les entregaba alimentos a las familias a cambio de cavar pozos y construir tanques de agua para recolectar agua de lluvia de los techos. 

El siguiente año la familia de Iván fue escogida, junto con otras cinco familias, para participar en un programa de producción de alimentos utilizando riego en pequeña escala. Una condición era que en lugar de sus prácticas tradicionales de tala y quema y del uso de sustancias químicas, las familias debían empezar a utilizar prácticas que respetan el medio ambiente y la salud de las personas. Ahora utilizan sistemas agrícolas sostenibles que les proveen alimento suficiente y un excedente de productos agrícolas para vender en el mercado. 

Iván opina que el clima ‘ahora está tan fuera de equilibrio que hasta la experiencia de nuestros ancianos para predecir las lluvias ya no funciona. Antes, en años con buenas lluvias, producíamos maíz y frijoles regados solamente por la lluvia. Había suficiente para nosotros comer y a veces hasta para vender. Hoy en día, debemos utilizar el riego para garantizar el alimento de nuestra familia.’ 

‘Descifrando’ la naturaleza 

José e Isaura Mendes viven en el estado de Pernambuco en una región semidesierta que sufre de sequías. En su granja hay pérdidas regulares de ganado debido a la escasez de forraje. 

La familia oye sobre el cambio climático en la radio. A ellos les preocupa mucho el hielo de la región Antártica que se está derritiendo y los huracanes. Ellos opinan que estos cambios se deben a la falta de cuidado de las personas por ‘las cosas de la naturaleza’. Les preocupa mucho ‘el aumento de la temperatura’. 

José comenta: ‘Los inviernos son más cortos y las lluvias más irregulares. Antes cada año empezaba a llover en octubre y continuaba hasta julio. El arroyo local que corría por su pueblo ya sea tenía agua o las personas podían colectar agua fácilmente allí cavando un pequeño hueco. Hoy en día es mucho más difícil encontrar agua allí. La tala de árboles en las riberas del arroyo y en otros lugares alrededor de los manantiales ha empeorado esta situación’. 

José utiliza el riego pero todavía encuentra que sus plantas sufren debido al calor. Las flores de sus anacardos se secan debido al calor del sol y muchos de sus frutos se marchitan. Ahora él riega las plantas varias veces al mes para mantener vivos los árboles. 

Él tiene un poco de experiencia en las señales naturales que indican un ‘año de buena o mala lluvia’. Por lo general, cuando las flores de las plantas tradicionales se caen de modo disparejo durante la floración, esto indica un periodo de escasas lluvias. Cuando la floración es abundante, y las flores permanecen en la cima del árbol durante un largo tiempo, las lluvias serán regulares. ‘Los ancianos sabían predecir mejor los tiempos de las estaciones de las lluvias, pero en ese entonces eran más fáciles de predecir.’ 

Estas entrevistas nos fueron enviadas por Marcelino Lima quien trabaja con Diaconía-PAAF en Brasil. Email: marcelino@diaconia.org.br