Justo antes de que Jesús comenzara su ministerio fue llevado al desierto, donde dedicó tiempo a reflexionar y considerar su rol. Fue expuesto a la tentación de abusar de su gran poder como líder, pero en vez eligió ser un modelo de líder siervo.


Jesús nunca buscó un hogar cómodo ni riquezas. Dio su vida para servir a otros mediante su enseñanza, su sanidad y su amor por la gente que lo rodeaba. Aunque sus discípulos cometieron muchos errores y a menudo lo decepcionaron, él los siguió animando, apoyando y desafiando. Su ejemplo de líder siervo debe inspirar, desafiar y seguir siendo una meta para todos aquellos que están en posiciones de liderazgo.


El líder siervo pone las necesidades de otros en primer lugar y escucha sus opiniones. Algunos grupos dentro de las iglesias, como los ancianos, los discapacitados, las mujeres o los niños, quizás tengan pocas oportunidades para compartir sus necesidades y puntos de vista. Hay que valorar sus puntos de vista, sus opiniones y sus contribuciones a la vida de la iglesia. De esta manera todos los miembros de la iglesia pueden compartir, hacer propio y seguir el proceso de decisión de la iglesia.


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