Perdón y reconciliación

por Sarah Mirembe

Foto: Jim Loring
Foto: Jim Loring

Alguien que ha sido ofendido o lastimado profundamente sin duda se sentirá que tiene el derecho a estar enfadado, herido y amargado. Incluso puede planear vengarse. Por el contrario, Dios nos pide que le confiemos a él nuestro dolor, que confiemos en él para obtener justicia y para perdonar a los que nos hirieron (Romanos 12:17-20).

El perdón

El perdón es una cuestión muy difícil porque parece significar que el ofensor queda libre de polvo y paja. Éste puede haber actuado deliberadamente y no estar arrepentido. Podría hacerlo de nuevo y quedar impune. Parece no haber ninguna motivación para que la persona herida tome la iniciativa. Sin embargo, aunque el perdón no es fácil, es necesario para el bienestar de la persona herida. Las personas que son heridas y no perdonan a menudo continúan sufriendo estrés y heridas emocionales porque se aferran al enojo y a la amargura.

A menudo el perdón es mal entendido. Es una opción para deshacernos de nuestra herida y resentimiento. No significa:

  • que excusemos o aprobemos la ofensa
  • que la ofensa se haya olvidado o no importe
  • que la ofensa no tenga ninguna consecuencia
  • que la persona herida o su herida no tengan importancia.

La reconciliación

La reconciliación es un proceso que va más allá del perdón. Se logra cuando las personas que han estado en conflicto llegan a una relación positiva. La reconciliación normalmente requiere un mediador u orientador experimentado que sea de confianza y pueda hablar con todos los involucrados en el conflicto. Este orientador debe ser sensato, emocionalmente maduro, fuerte, objetivo y nunca debe tomar partido. Él o ella debe ser respetado por la comunidad y permanecer comprometido sin importar cuánto tarde el proceso.

Un mediador no puede resolver el conflicto por sí solo. Todos los que estén involucrados deben estar convencidos de que la reconciliación es la mejor opción para cada uno de ellos, que es mejor que continuar con el conflicto. Todos necesitan estar comprometidos con el proceso, para que puedan sentarse a la misma mesa y vivir en la misma comunidad. Deben discutirse los conflictos potenciales futuros y deben resolverse. El compromiso con la reconciliación debe demostrarse mediante una acción apropiada. Por ejemplo, en Uganda, esto significó estar de acuerdo en que los niños de los que antes habían sido disidentes se aceptaran en las escuelas.

Donde se haya cometido una ofensa, el ofensor debería estar contrito y preparado para admitirlo. Si no quiere comunicarse o se pone a la defensiva, significa que no está preparado para la reconciliación. A veces las personas buscan una compensación económica. Sin embargo, ésta rara vez es una respuesta a largo plazo. Podría satisfacer un poco las necesidades físicas de la persona herida, pero no se resuelve la situación. Las ideas de venganza siempre pueden reaparecer.

La reconciliación no es sólo un episodio. Debe transformarse en un valor y un estilo de vida. Debe pasarse de una generación a la siguiente a través del estudio de la Biblia, la discusión, la disciplina y la vida misma como un ejemplo. El perdón y la reconciliación son parte de un viaje que pocas personas hacen pero cuyo destino es la libertad, la salud y la paz.

Sarah Mirembe es una consultora y orientadora que trabaja con niños y jóvenes en Uganda. Su dirección es: Box 2989, Kampala, Uganda. E-mail: jewelmirembe@yahoo.com


Estudio de caso

En Uganda muchos niños, jóvenes y adultos son raptados y obligados a unirse al Ejército de Resistencia del Señor. Aun cuando se las arreglan para escapar y volver a su comunidad, a largo plazo enfrentan el desafío del perdón y la reconciliación. Así es como una mujer joven describió el proceso de perdonar al hombre que la había raptado: 

‘Yo te odiaba, debido al dolor que me causaste. Pero me acordaba de tí en todas partes. Por esto yo estaba atrapada, porque te odiaba y aún lejos tenía que vivir con tus recuerdos. El orientador me ayudó a comprender que yo odiaba al tener que vivir contigo. Ésa fue la primera motivación que tuve para perdonarte. El odio me hizo enfermar seriamente, yo quería en verdad aliviarme, por lo que estuve de acuerdo con el orientador para que me ayudara a expulsar el odio’.