De: Recaudación de fondos a nivel local - Paso a Paso 111

Descubrir el placer de invitar a otras personas a invertir en nuestro trabajo y en nuestros ministerios

Lean Éxodo 25:1-9; 35:4-29 y 36:2-7.

Mientras los israelitas deambulaban en el desierto, Dios le dijo a Moisés que construyera y amoblara un lugar de adoración hermoso: el tabernáculo. Una vez terminado, Dios lo llenó de su gloria (Éxodo 40:34) y se convirtió en un lugar santo donde el pueblo podía experimentar su presencia de una manera muy especial.

Antes de iniciar el trabajo de construcción del tabernáculo, Dios le dijo a Moisés que les pidiera a los israelitas que proveyeran todo lo necesario para el proyecto, incluyendo oro, plata, bronce, hilos de colores, lino fino, madera, aceite de oliva, especias y piedras preciosas (Éxodo 25: 3-7). Todas estas cosas eran de gran valor para los israelitas errantes. También, se les invitó a ofrecer su tiempo y sus habilidades a Dios y al proyecto (Éxodo 35:10).

Los israelitas proveyeron todo lo necesario para construir y amoblar el tabernáculo.

Los israelitas proveyeron todo lo necesario para construir y amoblar el tabernáculo.

Dios hizo énfasis en que el pueblo debía ofrecer los regalos de manera voluntaria (Éxodo 25:2). No quería que a nadie se le obligara a contribuir.

¡Deténganse!

Después de que Moisés les dijera a los israelitas lo que Dios había dicho, ellos empezaron a dar en abundancia: «El pueblo continuaba trayendo ofrenda voluntaria cada mañana» (Éxodo 36:3). Con el tiempo, los constructores tuvieron que pedirle a Moisés que le dijera a la gente que ¡dejara de dar! ¡Tenían demasiado! «Así, se le impidió al pueblo seguir trayendo, pues ya había material suficiente para hacer toda la obra, y aun sobraba» (Éxodo 36:6-7).

Esta es una hermosa ilustración de la entrega generosa, abundante y con alegría de parte del pueblo a Dios.

Preguntas para considerar

Desde el corazón

Una ofrenda es algo que damos a Dios para su obra. Lo que damos debería provenir del corazón, de manera voluntaria y con alegría (2 Corintios 9:7).

Cuando la gracia de Dios toca nuestros corazones y nos damos cuenta de cuánto él ha hecho por nosotros, nos sentimos impulsados a dar. Nuestra entrega se convierte en un acto de adoración y gratitud (1 Crónicas 16:29). Quizás los israelitas daban tanto y de manera voluntaria porque recordaban cómo Dios los había salvado de la esclavitud en Egipto, y cómo él fue su provisión en el desierto. Cada vez que le ofrezcamos algo a Dios, traigámosle lo mejor que tengamos, sin importar qué tanto o tan poco tengamos (Lucas 21:1-4). Además de dinero u otros tesoros, podemos darle nuestro tiempo y talentos.

El reverendo Dr Shadrach Vegah es el pastor principal de la Iglesia Bautista del Evangelio en Bamenda, Camerún. También, es el presidente de la Junta de Evangelismo y Misiones de la Convención Bautista de Camerún. Correo electrónico: vegahsz@yahoo.com

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