Foto: Jim Loring/Tearfund

De: Aprendiendo de los desastres – Paso a Paso 56

Orientación para las comunidades sobre cómo prepararse para lo inesperado

Aprender desde el principio: El Génesis

Leer Génesis 1:31, 2:15

Los desastres y el sufrimiento nunca fueron parte del plan original de Dios para nosotros. El creó todas las cosas y formó una asociación con nosotros. Sin embargo, esta asociación fue rota (Génesis 3) y nosotros sufrimos las consecuencias.

Leer Romanos 8:18-25

Hoy hay sufrimiento – pero es temporal, y algún día cambiará a algo eternamente glorioso.

Si conocemos a Dios, la perspectiva del desastre no debe aterrarnos – aprendemos aquí que estamos seguros en sus manos y que este mundo un día se transformará en un nuevo mundo. Hasta ese día glorioso, Dios requiere que actuemos justamente, amemos la bondad y caminemos humildemente con él (Miqueas 6:8).

La Biblia menciona todos los aspectos de la vida y los desastres no son ninguna excepción. Uno de los relatos más conocidos es la historia de José en Génesis 41 donde, debido a las consecuencias del hambre, los descendientes de Abraham se establecieron en Egipto, donde se desarrollaron en una nación. En esta historia, Dios usó a José para realizar su propósito y ser una bendición a otros.

Leer Génesis 41:16

José empezó humillándose ante Dios: ‘yo no puedo hacerlo – pero Dios lo hará.’ Debido a esta actitud, fue posible para Dios confiar a José una posición de liderazgo muy importante, sin el miedo de que se corrompiera.

Leer Génesis 41:25

Dios habla al Faraón en un sueño y usa a José para explicarle lo que quiere decir. Dios usa muchas maneras de hablarnos. Nos revela sus planes (Amos 3:7).

Leer Génesis 41:57

Había hambre en el mundo entero, pero Dios había proporcionado a un país, Egipto, los recursos para subsistir. Y hoy, Dios todavía proporciona recursos a algunas personas y a naciones para ayudar a otros.

Igual que José, el impacto de nuestras vidas debe ser el de mejorar las cosas para nuestros vecinos – para crear en lugar de destruir, bendecir a la gente y no maldecirla. Nuestra presencia debe ser buena para la comunidad y economía local, para que estemos mejor preparados y mejor capacitados para confrontar los riesgos.

Alan Robinson trabaja para Tearfund en el equipo de América Latina y el Caribe. Estaba trabajando en Honduras en el momento del Huracán Mitch y ayudó a las comunidades a hacerle frente a ese desastre.

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