Muchas de las zonas con niveles altos de violencia también son empobrecidas, como esta comunidad en Tegucigalpa, la capital de Honduras. Foto: Sarah Newnham/Tearfund

De: Paso a Paso 92

Sugerencias sobre cómo analizar y resolver los conflictos facilitando el diálogo y procurando la paz

Cristo triunfa sobre el conflicto

Dios ama la diversidad. Él nos ha creado a todos de manera única y esto es algo para celebrar. En Génesis 10 aprendemos sobre cómo las diferentes identidades étnicas forman parte de los propósitos de Dios. En el capítulo 11:1-9 descubrimos lo que ocurre cuando las personas buscan la uniformidad cultural en su intento por dominar otros pueblos.

Durante toda la historia la identidad étnica con frecuencia ha provocado conflictos y tensión. Esto no debería ser así. La Biblia nos dice que los seres humanos fueron creados para vivir en una relación armoniosa con Dios y unos con otros. El origen del conflicto es una relación rota con Dios, no las diferencias étnicas ni culturales.

Leamos Santiago 4:1-2; 1 Juan 2:9-11 y 4:20-21

Jesús vino a reconciliarnos con Dios por medio de la cruz, introduciéndonos así a relaciones restauradas unos con otros (Efesios 2:16; Colosenses 1:20). En Cristo las identidades étnicas y las culturas se unifican sin ser destruidas; todas las personas se consideran iguales, con lazos mucho más profundos que los que mantienen unidos a otros grupos (Romanos 10:12-13; 1 Corintios 12:12-13; Gálatas 3:28; Colosenses 3:11). A la luz de esto, el pueblo de Dios es llamado a enfocarse en la identidad compartida que tiene en Cristo, que es más importante que sus lazos étnicos y culturales.

Leamos Efesios 2:11-22

Al ser colocados juntos dentro de la nueva comunidad de Dios somos introducidos en nuevas relaciones con aquellos que son diferentes a nosotros. La intención es que estas diferencias sean una fuente de bendición, pero con frecuencia pueden ser una fuente de tensión. La Biblia nos dice que hagamos todo lo posible por restaurar las relaciones donde existan conflictos (Romanos 15:5-6; 2 Corintios 13:11; Efesios 4:1-6). Esto significa que debemos seguir por el camino del arrepentimiento y del perdón, y saber que no existen barreras culturales, étnicas ni sociales que el amor de Cristo no pueda vencer (Mateo 18:21-35; Lucas 10:25-37; Colosenses 3:12-15).

Leamos Lucas 6:27-42; Romanos 12:9-21; Filipenses 2:1-8

La Biblia también nos dice que los cristianos desempeñan un papel en la sociedad como constructores de la paz (Mateo 5:9). En primer lugar, como “embajadores de Cristo” estamos llamados a reconciliar a las personas con Dios a través del “evangelio de la paz”, lo que dará como resultado que esas personas sean reconciliadas con el pueblo de la alianza de Dios (2 Corintios 5:18-20; Efesios 6:15). La iglesia también está llamada a ser profética, a ser modelo para la sociedad de lo que serían unas relaciones reconciliadas. Ella debería demostrar el camino de Cristo en palabra, presencia y obra, reflejando el reino venidero en el cual toda raza, lengua, pueblo y nación alabarán juntos a Dios (Juan 17:20-23; Apocalipsis 5:9).

David Scott trabaja para Tearfund en el equipo de Eurasia, América Latina y el Caribe. Actualmente está realizando un Doctorado en Teología.

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