La mayoría de las veces, cuando observamos nuestras manos, se ven limpias. Sin embargo, pueden verse limpias y aún estar cubiertas de miles de diminutos microbios. Tocar excrementos, ya sea por limpiarnos después de defecar o por limpiar a un niño pequeño o bebé, siempre va a ocasionar que nuestras manos terminen cubiertas de microbios de los excrementos. También ensuciamos nuestras manos al tocar la puerta de la letrina o al trabajar con tierra que pueda contener excrementos.

Nos deshacemos de estos microbios lavándonos las manos cuidadosamente con agua y jabón. Esto se puede realizar con muy poca agua. Si no hay jabón disponible, en su lugar puede usar cenizas, corteza de árboles o tierra. Es muy importante lavarnos bien las manos después de tocar excrementos, antes de preparar o manipular alimentos, y después de manipular carne cruda. Esta simple acción es lo más importante que podemos hacer para reducir el riesgo de diarrea y de muchas otras enfermedades. Es mejor no lavarse en un recipiente de agua compartido, sino sacar agua del bol mientras nos lavamos o hacer que alguien vierta agua dulce sobre nuestras manos.

Mantener las uñas de las manos cortas y limpias también mantendrá más limpias nuestras manos.  

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