Dios envió a su hijo Jesús para establecer justicia en el mundo. Las iglesias deben compartir la preocupación de Jesús por la gente pobre y los oprimidos. La Biblia aclara que como cristianos debemos compartir la pasión de Dios por la justicia. Esto no significa solamente que debemos vivir buenas vidas como individuos. También debemos tratar de corregir lo que está mal en nuestra sociedad, generando rectitud.

Los líderes de iglesia pueden hablar con considerable autoridad sobre muchas situaciones. Ellos pueden desafiar leyes injustas y defender los derechos de la gente pobre. Por medio de su ejemplo y liderazgo ellos pueden inspirar, dirigir y animar a sus iglesias a tomar acción para promocionar la justicia. Esto puede ser por medio de la oración, por medio de dar, por medio de ofrecer cuidado práctico, por medio de hablar claro y por medio de distintos enfoques al trabajo de defensoría en nombre de los que están sufriendo. Usualmente será una combinación de todos estos medios.

Dios quiere que la rectitud fluya de su iglesia, igual que el agua fluye en un río de corriente rápida. La iglesia debe proveer liderazgo e inspiración para un amplio rango de acciones sociales dirigidas a traer justicia a nuestro mundo lastimado.

Discusión

Artículos 3, 7, 8, 27, 29 Declaración Universal de Derechos Humanos de la ONU

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