Resiliencia

Nuestro marco para el fortalecimiento de la resiliencia consiste en ayudar a las comunidades a reducir su vulnerabilidad a los desastres mediante la gestión del riesgo de desastres, al tiempo que las ayudamos a mejorar su seguridad alimentaria, sus medios de vida y su adaptación medioambiental.

La resiliencia se fundamenta en seis pilares, tal como se ilustra en el siguiente diagrama:

Abordar sin entrar en crisis

La capacidad de adaptación es la habilidad de las personas y de las comunidades de introducir cambios en sus vidas y sus medios de vida.

Los medios de vida resilientes son fuentes de ingresos y de alimentos seguras, flexibles y con riesgos diversificados. Una fuente de ingresos y de alimentos segura es aquella que brinda ganancias previsibles.

La gestión sostenible de los recursos naturales es el uso y el cuidado de los recursos naturales que da como resultado su pleno desarrollo a largo plazo para el bien de todos.

La gestión del riesgo de desastres abarca la reducción del riesgo de desastres y la preparación para casos de desastres, y se centra en reducir y gestionar los riesgos conocidos.

La salud y las relaciones apoyan el bienestar físico, mental y social de las personas y de las comunidades, lo que permite su participación activa.

La Esperanza es la creencia personal de que, a pesar de los problemas existentes, las cosas mejorarán, y que, a largo plazo, el bien triunfará y la justicia prevalecerá (Isaías 40:31, Jeremías 29:11 y 1 Corintios 15). Esta creencia suele fundamentarse en una cosmovisión basada en la fe de que no solo existe lo que podemos ver.

Fortalecimiento de la resiliencia

En esencia, el fortalecimiento de la resiliencia es un llamado a redoblar nuestros esfuerzos en la gestión del riesgo, más que en la gestión de desastres. Es decir, centrarse en reducir la vulnerabilidad a un desastre y sus efectos antes de que ocurra, en lugar de poner el énfasis en responder a las necesidades de las personas afectadas por el shock y el estrés tras el evento. Estos esfuerzos son una parte esencial de un desarrollo verdaderamente sostenible.

En consecuencia, el énfasis no se centra tanto en ayudar a las personas y las comunidades a retomar la normalidad —y, por lo tanto, su vulnerabilidad al shock y el estrés dado—, sino más bien en ayudarlas a reducir su vulnerabilidad. De esta manera, se reducen las probabilidades de que sufran el mismo nivel de impacto como resultado de un shock y estrés similar.

Diseñar un programa de fortalecimiento de resiliencia

Los dos principales aspectos distintivos que es necesario tener en cuenta al diseñar un programa para el fortalecimiento de la resiliencia son la integración y la incertidumbre.

Además, algunos aspectos de las buenas prácticas de desarrollo sostenible son especialmente importantes para los programas de resiliencia. Entre estos, se incluyen:

¿En qué se relaciona la gestión del riesgo de desastres con la resiliencia?

Existe una estrecha conexión entre, por una parte, la resiliencia y, por la otra, la reducción del riesgo de desastres y preparación para casos de desastres. La gestión del riesgo de desastres pone el énfasis en la reducción y la gestión de los riesgos conocidos. Este enfoque consiste en los esfuerzos de los Gobiernos, la sociedad civil, el sector privado y el conjunto de la comunidad internacional dirigidos a reducir el impacto del shock y estrés, dentro de un sistema en el que cada una de estas partes tiene un papel que cumplir.

Los Gobiernos nacionales son los principales responsables de reducir tanto la exposición como la vulnerabilidad de sus ciudadanos al shock y estrés. Sin embargo, organizaciones internacionales y locales pueden contribuir en la tarea de influenciar y asistir a los Gobiernos a ayudar a las personas más vulnerables y a apoyar los individuos y las comunidades a identificar, evaluar y gestionar los riesgos que ellos consideran más importantes.

Más información sobre nuestro enfoque en la atención de desastres y crisis 

Iglesia y resiliencia

Tearfund considera que la iglesia local tiene un importante papel que desempeñar en la tarea de ayudar a las comunidades a fortalecer su resiliencia. Para lograr este objetivo, se pone el énfasis en la participación de la comunidad, el análisis de la vulnerabilidad, la valoración del potencial dentro de la comunidad y la acción. No solo se trata de adoptar un enfoque, sino también de valorar las alianzas y las redes para fomentar el aprendizaje, las buenas prácticas, la reflexión y la sostenibilidad.

Estamos desarrollando y poniendo a prueba el enfoque llamado «Fortalecimiento de la resiliencia por la iglesia y la comunidad». En este proceso de cinco pasos las iglesias y las comunidades usan estudios bíblicos, herramientas y actividades, para elaborar planes en función de sus vulnerabilidades y capacidad para hacer frente al shock y el estrés. El propósito de este enfoque es ofrecer una «receta» para mejorar la resiliencia creando un espacio en que las iglesias y las comunidades puedan analizar los riesgos y planificar cómo reducirlos. Los cinco pasos se ilustran en el siguiente diagrama:

Encuentre recursos sobre resiliencia que pueden ser usados en grupos, especialmente dentro de la iglesia.

Encuentre recursos sobre resiliencia que pueden ser usados en grupos, especialmente dentro de la iglesia.

Seguridad alimentaria

El enfoque de Tearfund en materia de seguridad alimentaria consiste en construir comunidades resilientes en las que todas las personas tengan acceso, en todo momento, a alimentos nutritivos, seguros y en suficiente cantidad. Apoyamos a las comunidades con el fin de producir más alimentos y aumentar sus ingresos por medio de prácticas agrícolas sostenibles sin perjudicar el medio ambiente o la base de recursos para las generaciones del futuro.

La importancia de la agricultura

La agricultura es fundamental para la seguridad alimentaria, para los medios de vida de millones de personas y para el mantenimiento de la base de recursos naturales. Sin embargo, el sector agrícola se encuentra gravemente afectado por el cambio climático y, al mismo tiempo, es responsable por una considerable proporción de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Además, la agricultura tiene enormes posibilidades de adaptación, posee un importante potencial de mitigación y es un factor de protección de la seguridad alimentaria.

Fomentar la agricultura climáticamente inteligente

Fomentaremos la agricultura climáticamente inteligente por medio del aumento sostenible de la productividad y los ingresos agrícolas. Para este fin, propiciaremos la adaptación y la resiliencia al cambio climático y la reducción o eliminación de las emisiones de gases de efecto invernadero siempre que sea posible.

Promovemos enfoques como los siguientes:

Apoyar a los agricultores a pasar de la agricultura de subsistencia a una agricultura rentable

Debido a que el hambre es, en esencia, un problema de pobreza, apoyaremos a los agricultores a pasar de la agricultura de subsistencia a una agricultura rentable. Lo haremos vinculándolos a mercados justos y asegurando que produzcan suficiente, tanto para el consumo doméstico como para la venta. Las personas deben poder comercializar de forma sostenible sus productos agrícolas, acceder a los mercados y vender sus productos a precios justos para poder prosperar económicamente y mejorar la seguridad alimentaria.

Seguridad alimentaria y desastres

Durante los desastres, promoveremos los enfoques de seguridad alimentaria que aborden de forma simultánea las necesidades humanitarias inmediatas, la recuperación a largo plazo y el mantenimiento de la paz. Siempre que sea posible, fomentaremos los enfoques basados en transferencia de dinero en efectivo como medio de obtención de alimentos y materiales para la ayuda humanitaria y la recuperación, como granos y semillas. Se ha demostrado que estos enfoques estimulan los mercados locales y aceleran la recuperación económica.

Queremos que el objetivo de desarrollo sostenible «Hambre cero» se haga realidad en todas nuestras comunidades.