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De: Cárcelos y presos – Paso a Paso 104

Consejos prácticos sobre cómo involucrarse en el ministerio de prisiones y la asistencia a los exconvictos

Cuando las personas salen de la cárcel, muchas no tienen adónde ir ni cuentan con un empleo. Peor aún, no son aceptadas por la comunidad.

Los hijos de Dios forman una comunidad de fe, la iglesia, a fin de recibir a estas personas. Para que esto sea posible, la iglesia tiene que contar, al menos, con tres características:

1 – La iglesia como una comunidad de amor

Jesús nos llama a amar a otras personas como Él nos ama. Es un amor extremo e incondicional. Durante el juicio final, dirá: 

«“Vengan ustedes, a quienes mi Padre ha bendecido; reciban su herencia, el reino preparado para ustedes desde la creación del mundo. Porque (…) estuve en la cárcel, y me visitaron”. Y le contestarán los justos: “Señor, ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y te visitamos?” El Rey les responderá: “Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de mis hermanos, aun por el más pequeño, lo hicieron por mí”» (Mateo 25:34–40)

Los brazos de la iglesia son los brazos de Cristo. Es por medio de nosotros que las personas recibirán el amor de Dios. A menudo, visitamos a los presos y les predicamos un mensaje de amor, pero una vez son liberados, no reciben este amor en nuestras iglesias. Debemos recordar que cuando hacemos algo por las personas necesitadas, lo estamos haciendo por Jesús mismo.

2 – La iglesia como una comunidad de aceptación

La sociedad estigmatiza a los exconvictos, y a menudo, los desprecia; pero no debería ser así en la iglesia. Debemos crear las condiciones apropiadas para que se reintegren a la sociedad y sean valorados y respetados como hijos de Dios. Desde luego, muchos tenemos temor de los exconvictos y necesitamos orar para que Dios nos ayude a superar este miedo. 

Durante su ministerio, nuestro Señor se juntaba con frecuencia con aquellos que eran estigmatizados por la sociedad de esa época. Por ejemplo, leemos en Marcos 2:16–17

«Cuando los maestros de la ley que eran fariseos vieron con quién comía, les preguntaron a sus discípulos: “¿Y éste come con recaudadores de impuestos y con pecadores?” Al oírlos, Jesús les contestó: “No son los sanos los que necesitan médico, sino los enfermos. Y yo no he venido a llamar a justos, sino a pecadores”».

3 – La iglesia como una comunidad restauradora

La Biblia presenta a la iglesia como una comunidad restauradora, en la que se sanan las heridas del quebrantado. Debemos acoger a quienes han salido de la cárcel, ya que estamos aquí para restaurar, no para juzgar. El Señor nos enseña en Mateo 7:1–2: «No juzguen a nadie, para que nadie los juzgue a ustedes. Porque tal como juzguen se les juzgará, y con la medida que midan a otros, se les medirá a ustedes». A la vez, siempre debemos garantizar la seguridad de las personas de nuestra congregación.

Juego de roles

Si nuestras iglesias aman, aceptan y restauran a quienes han sufrido la difícil experiencia de estar presos, estaremos cumpliendo con fidelidad nuestra labor como representantes de Cristo. Por medio de nuestro amor y apoyo, podemos ayudarlos para que eviten reincidir.

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