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De: Recaudación de fondos a nivel local – Paso a Paso 111

Descubrir el placer de invitar a otras personas a invertir en nuestro trabajo y en nuestros ministerios

La práctica llamada buhfai tham («un puñado de arroz») se inició en el estado de Mizoram, noreste de India, en 1910. Según esta costumbre, las familias, principalmente del grupo étnico mizo, reservan un puñado de arroz cada vez que preparan una comida. Luego, reúnen todo el arroz que han reservado y lo ofrecen a la iglesia. La iglesia, a su vez, vende el arroz y genera ingresos para financiar su trabajo.

Si todos aportamos un poco cada día, podemos lograr grandes cosas. Foto: Ralph Hodgson/Tearfund

Si todos aportamos un poco cada día, podemos lograr grandes cosas. Foto: Ralph Hodgson/Tearfund

Con el tiempo, la cantidad de arroz que se da ha aumentado y la gente también ha comenzado a donar otras cosas, como leña, vegetales y otros productos. Como resultado, las iglesias de Mizoram ahora son autosuficientes.

Una persona con un alto cargo eclesiástico afirmó: «No recibimos ningún financiamiento externo. Todos los ingresos que obtenemos los recaudamos entre nosotros. A pesar de que el estado de Mizoram no es rico, igualmente podemos recaudar fondos para el ministerio del Señor. Ahora podemos apoyar a 1800 líderes de iglesias.

Los mizos decimos: “Mientras tengamos algo que comer todos los días, tenemos algo que dar a Dios todos los días”».

Inspiración en Costa de Marfil

Edmond es un pastor del pueblo de Nassian, en Costa de Marfil. Cuando llegó, la congregación del pueblo era pequeña y el edificio de la iglesia se estaba desmoronando.

Edmond consideró que era importante reconstruir la iglesia, pero la zona es pobre y el costo sin duda era demasiado alto para su congregación. Sin embargo, durante su formación aprendió que solo con «un puñado de arroz» podían lograrse grandes cosas, de modo que comenzó a plantear la posibilidad de reconstruir la iglesia con «un kilo de cemento a la vez».

El principal cultivo agrícola de la zona es la castaña de cajú y la mayoría de los habitantes tiene varios árboles. Los miembros de la iglesia propusieron la idea de escribir en varias hojas de papel los números «1», «2» y «3», representando uno, dos o tres árboles de castaño de cajú, respectivamente. Luego, doblaron las hojas y las pusieron en una caja. Cada miembro de la iglesia sacó una y se comprometió a donar las castañas de cajú del número de árboles indicado en el papel. Después, las castañas de cajú se vendieron con el objeto de comprar los materiales necesarios para reconstruir la iglesia y financiar sus ministerios.

Illio, un agricultor, sacó el papel con el número 3, pero cuando llegó el tiempo de la cosecha anunció que iba a donar los frutos no de tres, sino de ¡21 árboles! Al año siguiente, Illio hizo lo mismo y también donó a Edmond, en su calidad de recién llegado al pueblo, algunas tierras para que plantara sus propios árboles.

El edificio de la iglesia ya está reconstruido y se agregaron dos salas adicionales para clases de alfabetización y otras actividades. Los miembros de la iglesia comenzaron a cultivar parcelas experimentales para intentar mejorar las cosechas. Los jóvenes realizan esfuerzos conjuntos por medio de distintas iniciativas para servir a la comunidad. Todas estas actividades han incentivado a los habitantes de otros pueblos a venir y observar lo que se está haciendo y asesorarse sobre cómo pueden lograr cambios en sus propias comunidades.

«Podemos llevar a cabo estas actividades en nuestras iglesias aprovechando las habilidades y los recursos que están disponibles y haciendo posible que todas las personas puedan contribuir», afirma Edmond.

En el siguiente enlace, puede ver un video sobre la práctica buhfai tham en Mizoram: video

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