Cuando la corrupción y la falta de transparencia (apertura y honestidad) son generalizadas en la sociedad, la democracia sufre, se vulneran los derechos de las personas, y la brecha entre ricos y pobres se incrementa.
Esto puede suceder de distintas maneras. Los políticos pueden hacer un mal uso de los fondos públicos en beneficio propio. Las empresas pueden crear condiciones laborales injustas y poco seguras o evadir impuestos.
Las organizaciones como Transparencia Internacional dejan bien claro que, en una sociedad democrática y justa, las personas y las organizaciones deben poder monitorear el uso de los fondos públicos y exigir cuentas a los Gobiernos por sus acciones.
Las iglesias, como miembros que integran la sociedad, pueden desempeñar un papel importante en esto. Pero primero, deben demostrar que son transparentes y honestas, y que hacen un buen manejo de sus propias finanzas.
Fé Cidadã
En distintas partes de América Latina, muchas iglesias no están cumpliendo sus responsabilidades legales, como pagar impuestos. Y no siempre defienden la justicia y la honestidad. Esto suele suceder debido a una falta de transparencia en el manejo de sus finanzas.
En Brasil, un proyecto llamado Fé Cidadã (Fe Ciudadana) está trabajando con iglesias para promover una cultura de transparencia y honestidad. Esto incluye ayudar a las iglesias a garantizar que se rijan por los términos de la ley; por ejemplo, registrarse correctamente con el Gobierno, pagar impuestos y hacer que los lugares de encuentro sean accesibles para las personas con discapacidad.
Fé Cidadã también está trabajando con personas jóvenes en las escuelas y las iglesias, y las anima a actuar con integridad e involucrarse en moldear sus comunidades. Los resultados positivos y las historias personales de esas comunidades inspiran a otras personas a emprender acciones similares.
Incidencia
Cuando las iglesias se adhieren a prácticas abiertas y honestas, se pueden convertir en grandes ejemplos y ayudar a abogar por cambios. Esto incluye exigir cuentas a los Gobiernos cuando se hace un mal uso del dinero público, y defender los derechos de los trabajadores, los niños y las niñas, y las personas jóvenes.
Las iglesias pueden, y deben, servir como símbolos de esperanza y demostrar que abrazar la integridad y la justicia es esencial tanto para el crecimiento espiritual como para el bienestar de las comunidades.