De: Los derechos humanos – Paso a Paso 66

Respetar y defender tanto nuestros derechos como los de los demás

Es fácil permitir que nuestras propias ideas y presunciones culturales influyan en nuestra comprensión de los textos bíblicos. Por ejemplo, la idea de que los hombres son los llamados a liderar en la iglesia y las mujeres sólo a seguir, ha dominado el pensamiento sobre el género durante siglos. Esto es a pesar de la gran lista de líderes femeninas a quienes Pablo saluda en el último capítulo de Romanos. También es a pesar de que él se refi ere a Febe, que ha llevado la carta a Roma como ministra. Él usa exactamente la misma palabra griega para ella (diáconos) que usa para describir su propio ministerio y el de Timoteo. No nos ayuda mucho el que los traductores hayan diluido tan a menudo esta palabra, en el caso de Febe, a simplemente sirviente.

Necesitamos la ayuda de la Biblia para entender los planes de Dios para todos los aspectos de nuestras vidas, incluyendo las relaciones sexuales. Alrededor del mundo, las mujeres son muy vulnerables a la violencia sexual. Tanto la violación como la agresión están ocurriendo ahora en gran escala. Puede haber violencia incluso dentro del matrimonio, a menudo justificada por algunos cristianos despistados que sostienen la opinión de que las esposas deben estar sometidas a sus maridos y esto se incluye en las relaciones sexuales. San Pablo, sin embargo, tiene ideas muy diferentes.

Leer 1 Corintios 7:2-7

Este pasaje desafía nuestras actitudes sobre la relación sexual entre un hombre y una mujer. En primer lugar, Pablo lo establece firmemente dentro del compromiso del matrimonio. Luego, el matrimonio siempre debe ser entre un hombre y una mujer. Ya, esas dos provisiones protejen a las mujeres.

Pero la parte más radical viene cuando Pablo habla sobre el sexo entre el marido y la esposa. La esposa no tiene autoridad sobre su propia sexualidad: pero su marido la tiene – nada sorprendente en eso. La cosa sorprendente es la próxima frase. El marido tampoco tiene autoridad sobre su sexualidad – pero su esposa la tiene. De hecho ésto es dramático. Es el único pasaje dónde Pablo usa la verdadera palabra autoridad dentro de la relación marital y debe ser completamente mutua. Los maridos y esposas deben considerar los cuerpos de cada uno con respeto y consideración. Si esta enseñanza bíblica se siguiera en las relaciones sexuales alrededor del mundo, significaría el fin de tanta desaveniencia humana, violencia sexual y epidemias relacionadas con el sexo.

La autora, la Dra Elaine Storkey, es Presidenta de Tearfund de Inglaterra

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