Todas las sociedades necesitan proteger a las personas inocentes de aquellos que buscan hacerles daño. Por lo general, esto significa un sistema legal con la cárcel como castigo. Cuando se practica la justicia de manera justa, este sistema puede ser un modo efectivo de proteger a las personas comunes contra daños. Sin embargo, el sistema puede ser abusado de varias maneras.

Una persona acusada de un delito no debe ser encarcelada a menos que exista suficiente evidencia. Se requiere la evidencia de testigos u otros tipos de prueba y el asunto debe ser llevado ante un tribunal independiente. Toda persona acusada de un delito debe ser considerada inocente hasta ser probada culpable en un tribunal de justicia. Sin embargo, la gente pobre puede no tener acceso a una representación legal en el tribunal.

Las personas pueden ser acusadas falsamente por un delito y ser incapaces de defenderse. La cárcel puede ser utilizada como una manera de silenciar personas con puntos de vista políticos, sociales, o religiosos opuestos (a menudo llamados prisioneros de conciencia). Los tribunales no siempre defienden la justicia si los funcionarios están abiertos al soborno. Las sentencias pueden ser injustamente largas y, una vez en la cárcel, los prisioneros pueden ser olvidados por los funcionarios y permanecer allí por muchos años.

En una situación ideal, la cárcel puede ofrecer un tiempo de reflexión, un tiempo para aprender nuevas habilidades y formas de pensar, de modo que los prisioneros puedan dar un giro positivo a sus vidas. En la Biblia se nos dice que visitemos a los prisioneros. Esto animaría a los prisioneros y ayudaría a asegurar que se les dé buen trato. 

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