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Muchas de las zonas con niveles altos de violencia también son empobrecidas, como esta comunidad en Tegucigalpa, la capital de Honduras. Foto: Sarah Newnham/Tearfund

De: Conflicto y paz – Paso a Paso 92

Sugerencias sobre cómo analizar y resolver los conflictos facilitando el diálogo y procurando la paz

Jóvenes con anhelo de ver justicia en Honduras se reunieron en un campamento para promover la paz. Foto: Miriam Mondragon

Jóvenes con anhelo de ver justicia en Honduras se reunieron en un campamento para promover la paz. Foto: Miriam Mondragon

Honduras –donde diariamente ocurren 20 asesinatos– es considerado por las Naciones Unidas el país más violento del mundo. Los mismos hondureños perciben la violencia y la inseguridad como los principales problemas del país. El crimen organizado tiene influencias a todos los niveles del estado y los narcotraficantes tienen a funcionarios públicos a su disposición, lo que obstruye el cumplimiento de la justicia.

A nivel local, las pandillas controlan los barrios y las colonias de las zonas urbanas y los pueblos y las aldeas de las zonas rurales. Sus actividades van desde la venta al por menor de drogas blandas y duras (marihuana, cocaína, anfetaminas) hasta la extorsión, el secuestro y el asesinato contra sus propios vecinos, con frecuencia bajo la protección de miembros de la policía y del ejército. Los hondureños están convencidos de la urgente necesidad de prevenir la violencia y cambiar el estado actual.

Construyendo puentes

La pregunta que surge ante tal situación es de qué manera nosotros, como cristianos e iglesias, asumimos el reto profético de “observar el derecho y practicar la justicia” (Isaías 56:1) en medio de tan grave violencia y cuando el miedo es algo real y paralizante. No obstante, a pesar de esta situación aparentemente desesperada, se han estado sembrando semillas de esperanza que ahora están empezando a dar frutos. Una de esas semillas es el movimiento Alianza Cristiana por el Diálogo y la Conciliación que surgió como una iniciativa de iglesias y organizaciones después del golpe de estado de 2009 en Honduras, el cual dividió profundamente al país y contribuyó a incrementar el actual clima de violencia. La Alianza empezó creando espacios para el diálogo y la reconciliación entre los grupos en conflicto bajo el lema “Construyendo Puentes de Paz”. Desde entonces ha cambiado su enfoque hacia inspirar y movilizar a la iglesia respecto a la prevención de la violencia, ya que los mismos miembros de las iglesias están viviendo en zonas de violencia y pueden desempeñar un papel clave en la construcción de la paz.

Trabajo práctico de prevención

Se ha hecho evidente que el mejor antídoto contra la violencia presente y futura es la prevención, y para esto no hay nada mejor que trabajar con los niños y jóvenes en riesgo. En colaboración con la Unión Bíblica de Honduras, la Alianza ha promovido el programa “No más violencia – un mensaje de Dios” dirigido a los jóvenes en los colegios del país. El programa se originó en Argentina, donde su objetivo era prevenir la violencia entre los fanáticos del fútbol. En Honduras, con el permiso del Ministerio de Educación, cientos de voluntarios de las iglesias han sido capacitados en cómo prevenir la violencia en las escuelas y ellos, a su vez, imparten un programa de 15 lecciones semanales que ayudan a los jóvenes a tomar buenas decisiones. El programa ha inspirado de 10 a 15 por ciento de los jóvenes a comprometerse con ser “agentes de cambio” con la tarea de prevenir la violencia y el acoso escolar.

Apoyo a las víctimas

Otro miembro de la Alianza, la Asociación para una Sociedad más Justa (ASJ), formada en 1998 por cristianos comprometidos, ha estado luchando para hacer el sistema de justicia más accesible para los sectores más vulnerables de la sociedad. Una de las iniciativas más exitosas es el Programa Gedeón que, desde sus consultorios ubicados dentro de iglesias en comunidades empobrecidas, ofrece atención psicológica y asesoría legal a las víctimas de violencia o a personas que tienen otros problemas legales o psicológicos. Dado que la mayoría de las víctimas de crímenes violentos (extorsiones, robos, violaciones y asesinatos a manos de pandillas locales) nunca ha podido denunciarlos formalmente, la ASJ decidió dar un paso más y creó el Programa Paz y Justicia para satisfacer las necesidades de las víctimas y ofrecerles apoyo. Paz y Justicia cuenta con un equipo de abogados, investigadores y psicólogos, quienes trabajan estrechamente con las víctimas y los testigos para asegurar el cumplimiento de la justicia. Paz y Justicia es un puente entre los agentes del orden público y la comunidad. El programa:

La labor de Paz y Justicia en las comunidades ha dado como resultado una reducción de 60 por ciento de la tasa de criminalidad y, hasta la fecha, ha logrado más de 100 sentencias condenatorias contra individuos y grupos criminales. Este modelo exitoso de cooperación entre la comunidad, el estado y la sociedad civil se está implementando en nuevas comunidades.

Unidos por la paz

A nivel nacional, la Alianza por la Paz y la Justicia (APJ), un movimiento iniciado por cristianos, hace campaña para mejorar la seguridad ciudadana y exige cambios en el sistema de justicia para que Honduras sea un país donde se respete el Estado de derecho y se reparta justicia a las víctimas de la violencia. Esta alianza ha tenido un impacto importante y es única en Honduras en el sentido de que diversos sectores han adoptado su visión, incluyendo ONG, iglesias evangélicas y la iglesia católica, sindicatos, empresas, universidades y otros.

La Confraternidad Evangélica de Honduras, que representa a la mayoría del pueblo evangélico nacional, también forma parte de la Alianza. Honduras necesita que el cuerpo de Cristo alce una voz profética en contra de la injusticia y la desigualdad, y que los abogados, psicólogos, periodistas y otros profesionales cristianos utilicen sus conocimientos al servicio de las personas pobres y vulnerables.

Miriam Mondragon es la Coordinadora de la Alianza Cristiana por el Diálogo y la Conciliación.



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