Las iglesias profundizan su respuesta a los desastres

Por María Andrade 

Expertos predicen el aumento de desastres naturales debido a varios factores, entre ellos el cambio ambiental. Las comunidades que se verían más afectadas son las más vulnerables, sin embargo es precisamente ahí en donde la iglesia puede hacer una diferencia.

En Bangladesh, más de una cuarta parte del país podría estar bajo el agua a finales de este siglo. Foto: Peter Caton/Tearfund

Según la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción de Riesgo de Desastres, en 2016, 445 millones de personas fueron afectadas de manera negativa por desastres naturales alrededor del mundo. En América Latina, en octubre 2016, el huracán Matthew causó más de 800 muertes y dejó más de 2.7 billones en pérdidas económicas. Un poco más al Sur del continente, desde diciembre 2016, las noticias acerca del impacto de las lluvias no han parado de llegar. En Perú y Ecuador, el fenómeno de El Niño Costero, que ha traído cantidades inusuales de lluvia, ha dejado a su paso más de 120 fallecidos, 141.000 damnificados y casi un millón de personas afectadas. En Colombia, en cambio, a principios de abril, un deslave producido por fuertes lluvias cobró las vidas de casi 300 personas en la localidad de Mocoa. 

A pesar de que estos desastres son comúnmente catalogados como ‘naturales’, expertos aseguran que la intervención humana ha magnificado el impacto de estos fenómenos, haciendo que su paso sea devastador. Por poner un ejemplo, en Mocoa, hasta el 2015, 9000 hectáreas de bosque fueron destruidas para convertir esas tierras en áreas de producción agropecuaria. Cuando los árboles desaparecen, desaparece también el mecanismo natural para retener y frenar las aguas de lluvia, lo que hace que los terrenos sean más propensos a los deslaves. La deforestación no es el único fenómeno provocado por el ser humano que tiene una relación directa con el impacto de los desastres naturales en una localidad; algunos otros son:  

  • La erosión de las tierras,  
  • El deterioro del medio ambiente,
  • El cambio climático,
  • La pobreza que obliga a poblaciones vulnerables a construir sus casas en zonas de riesgo,
  • La mala planificación urbana
  • La poca capacidad de prevención y respuesta por parte de los gobiernos.

Esto ayuda a explicar por qué, en el mismo, año un terremoto de 7,3 grados en Haití cobró la vida de más de 316.000 personas, mientras que un terremoto de 8,3 grados en Chile tuvo 450 personas fallecidas. Como vemos, la diferencia exorbitante en el número de fallecidos en estos dos países no radicó en la magnitud del terremoto (el de Chile fue más fuerte) sino en las condiciones de vulnerabilidad en las que se vive la población haitiana.

Lo más grave de esto es que debido al calentamiento global, se cree que el número e intensidad de los desastres naturales va a aumentar. Por esto, científicos, defensores del medio ambiente y organismos internacionales advierten que el número de refugiados por el cambio climático puede aumentar en los años que vienen, debido al aumento del nivel del mar, que dejaría sin hogar y medios de subsistencia a millones de comunidades alrededor del mundo. Un ejemplo es Bangladesh, cuyas tierras se encuentran, en su mayoría, a menos de 6 metros del nivel del mar, por lo cual se cree que, al paso que vamos, una cuarta parte del país podría quedar bajo las aguas para finales de este siglo. 

Frente a esta realidad tan real y tan urgente, es necesario preguntarnos si hay algo que, como comunidad de seguidores y seguidoras de Jesús, podemos hacer. Hace algunos años, en el 2009, tuve el privilegio de acompañar a mi iglesia local en las acciones de respuesta al terremoto de 6,2 grados que golpeó fuertemente a una zona agrícola de Costa Rica, dejando decenas de personas fallecidas y millones en pérdidas económicas.

Gracias al trabajo voluntario y desinteresado de miembros de algunas iglesias, junto a la comunidad, varias casas fueron reconstruidas, zonas de cultivo fueron restauradas y personas recobraron esperanza. Comprendiendo que un desastre de este tipo no genera pérdidas y traumas profundos, nuestra iglesia se aseguró de responder a las necesidades materiales sino también de brindar acompañamiento psico-social y espiritual para ayudar a las personas a restaurarse de manera integral.

La iglesia tiene la oportunidad y la responsabilidad especial de ir más allá de la comida y el refugio para crear un espacio para el surgimiento de la esperanza en tiempos de vulnerabilidad. Foto: Layton Thompson/Tearfund

Hoy, cuando miro hacia atrás, rescato dos aspectos. El primero es que Dios se manifiesta en medio de las pérdidas y el dolor; por lo tanto, debemos estar atentos a los “efectos inesperados de Dios”. En Costa Rica, la destrucción ocasionada por el terremoto generó una avalancha de solidaridad y les dio a muchas iglesias una oportunidad de “ponerse las botas” y actuar a favor de los más vulnerables: era imposible quedarse con los brazos cruzados frente a tanta necesidad!

Lo segundo que rescato es que la iglesia puede jugar un papel que ninguna otra institución, individuo u organización pueden jugar, y eso le da una responsabilidad especial de ir más allá de la provisión de albergue y comida, para fortalecer la espiritualidad de las personas y crear espacios para la recuperación y el surgimiento de la esperanza en un contexto particular de vulnerabilidad. En efecto, tanto en medio de organismos internacionales como en espacios académicos, hay un creciente reconocimiento del aporte único que iglesias y organizaciones basadas en la fe pueden ofrecer en la respuesta, rehabilitación, mitigación y prevención de desastres naturales.

Así que, la Iglesia está llamada a ser “sal y luz” en su propio contexto (Mateo 5:13-16) y, cuando lo hace, otros lo notan! Las maneras en las que las Iglesias pueden determinantes en el impacto de los desastres naturales son muchas y las exploraremos en la segunda parte de este artículo.

Maria Andrade
Maria Andrade Is Theology and Network Engagement Manager for Tearfund in Latin America and the Caribbean. Email: maria.andrade@tearfund.org